Universitat Oberta de Catalunya

Entrevista a Susanna Tesconi, diseñadora de entornos de aprendizaje e investigadora

El trabajo de Susanna Tesconi se inspira en la interacción entre procesos de aprendizaje y tecnología con el objetivo de acompañar a las personas en el desarrollo de sus propios dispositivos, herramientas y entornos. Desde 2010, ha diseñado e implementado laboratorios y programas educativos relacionados con el diseño de interacción y la fabricación digital para diferentes instituciones como LABoral Centro de Arte y Creación Industrial (Gijón), TUMO Center for Creative Technology (Armenia), Tabakalera-Centro Internacional de Cultura Contemporánea (Donostia), Museu del Disseny de Barcelona, BAU, Centro Universitario de Diseño (Barcelona), y Fundación Orange.

La práctica de diseño de entornos de aprendizaje se acompaña de un proceso de investigación sobre el potencial del making como herramienta de formación docente, que lleva a cabo con su tesis doctoral en el Departament de Pedagogia Aplicada de la Universitat Autònoma de Barcelona. Desde el 2014 es también  parte integrante de la Fablearn Fellowship, impulsada por el Transformative Learning Technologies Lab de la Universidad de Stanford, grupo que trabaja en el diseño de entornos para educadores de fab labs y makerspaces. Actualmente es profesora de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la Universitat Oberta de Catalunya.

Fuente: Susanna Tesconi

¿Cómo ha sido tu trayectoria hasta el momento?

Mi trayectoria profesional ha sido rica de desviaciones, derivas y descubrimientos. Después de licenciarme en filosofía del lenguaje me he dedicado a ser docente de la escuela primaria, un trabajo altamente creativo y que te pone en contacto diario con la construcción del conocimiento. Tras unos años de enseñanza, volví a estudiar y me formé en Diseño de Interacción y fabricación digital, así como en investigación educativa para diseñar entornos educativos para alumnado y profesorado de primaria y secundaria que aprovechan los usos creativos y críticos de la tecnología para generar aprendizajes significativos.

¿Qué lleva a una licenciada en filosofía del lenguaje y profesora de primaria a especializarse en fabricación digital? ¿Dónde encontraste la relación?

Muchos factores, especialmente la idea de ofrecer a tu alumnado un abanico de experiencias educativas activas y emancipatorias. Por edad y circunstancias históricas me tocó trabajar en la primera implementación de las TIC en el aula. Lo que se planteaba entonces, a finales de los años 90 y principios del 2000, por lo menos en Italia, era introducir ordenadores en el aula para que el alumnado se formara en ofimática y, como si eso no fuera bastante, con software propietario.

Gracias a las inspiradoras docentes que me habían formado, siempre había trabajado con el alumnado de forma activa, participativa, experimentando y “destripando” las disciplinas.  La fabricación digital y los entornos maker como espacios de co-creación tecnológica,  así como las comunidades de desarrollo de software y hardware libre, me permitieron construir una caja de herramientas para acompañar a mis alumnas y alumnos en la construcción de sus propias tecnologías y artefactos.

Hoy en día vivimos rodeados de dispositivos, interfaces y artefactos tecnológicos que condicionan nuestra existencia, nuestros aprendizajes y nuestras relaciones. Las prácticas de creación con tecnología nos permiten entender e interpretar la complejidad que eso conlleva. En este sentido, llevar la fabricación digital al aula de primaria es simplemente proporcionar un entorno de experimentación colectiva y generación de conocimiento basado en el uso crítico y creativo de la tecnología.

¿Crees que las prácticas y los sistemas educativos actuales necesitan renovarse? ¿Hacen falta más maker educators y más espacios de creación y experimentación en las aulas?

Quizás “renovarse” no es la palabra adecuada… muchas veces en pedagogía lo “viejo” es lo bueno. Quiero decir que los enfoques educativos más activos, abiertos, “modernos” y libertarios tienen más de un siglo. Hablo de Montessori, Dewey, Ferrer i Guardia, Froebel y muchos otras. Creo que deberíamos, como ya se está haciendo por parte de muchos actores de la comunidad educativa, rescatar esas ideas y aplicarlas a una escala significativa con el plus de los usos creativos y críticos de la tecnología. También tendríamos que redefinir la formación inicial del profesorado para que se base en procesos reflexivos, creativos y de investigación.

Es muy importante, sobre todo, que el sistema educativo se alimente de las nuevas formas de generación del conocimiento y supere la compartimentación de las disciplinas. Eso no quiere decir abandonar el saber disciplinario, sino poner el énfasis en la mirada, en la epistemología que cada disciplina proporciona y no en contenidos triviales.

Fuente: Susanna Tesconi

¿Cómo puede ayudar el diseño y la fabricación digital en las aulas?

Pueden ayudar porque son instancias del aprender haciendo y además permiten aprender a través de la creación y de la investigación. Se plantean problemas, se co-diseñan soluciones, se genera conocimiento que puede beneficiar a la comunidad… y de paso se trabajan los contenidos curriculares. Es una forma de aprender de las vivencias que se dan en un proceso de creación colectiva.

¿De qué manera puede la tecnología transformar el proceso de aprendizaje?

A la luz de los más recientes desarrollos y movimientos de democratización de la tecnología, como la difusión a nivel popular de las herramientas  de prototipado rápido y de los laboratorios de fabricación digital FabLAB y Makerspaces, el futuro de los artefactos tecnológicos de uso común se ve  determinado cada vez más por el usuario final, que puede aprovechar estos nuevos instrumentos con el fin de pensar, diseñar, “hackear” o construir objetos y dispositivos mientras genera conocimiento compartido.

La tecnología tiene un gran potencial transformador de las prácticas educativas, pero su potencial es nulo si su implementación no viene acompañada de una acción educativa compatible con un enfoque abierto y crítico.

¿Crees que el movimiento maker o la llamada cultura del “do it yourself” aplicada al ámbito de la fabricación digital está tomando fuerza en la actualidad, o todavía existen bastantes reticencias al respecto?

Es un sector emergente ahora mismo: en 10 años ha tenido un gran desarrollo y una calurosa acogida por parte de la ciudadanía. Al mismo tiempo, sin embargo, creo que ya no se puede hablar de un movimiento maker orgánico o unívoco, hay muchísimas vertientes e interpretaciones. En el gran contenedor del maker movement encontramos experiencias marcadas por una lógica mercantilista, tipo fomento de startUPs tecnológicas, así como proyectos activistas, artísticos o socioeducativos. Todo depende de la mirada, de las herramientas que se utilicen y del nivel de acceso, inclusividad y participación que se logre.

Con respecto a esto último, y como ya has mencionado, existen espacios de creación y experimentación como los FabLabs o los makerspaces. ¿Podrías explicarnos en qué consisten y qué promueven? 

Un FabLAB (acrónimo del inglés Fabrication Laboratory) es un espacio de producción de objetos físicos a escala personal o local que agrupa máquinas controladas por ordenadores. Su particularidad reside en su tamaño, en su fuerte vinculación con la sociedad y en el hecho que opera en base al principio básico: “to empower, to educate and to create almost anything”. La idea empieza a gestarse en 2001, en el marco de un curso impulsado por Neil Gershenfeld director del Center for Bit and Atoms (CBA) del Massachusetts Institute of Technology (MIT), denominado “How to Make (almost) Anything” y, en el año 2003, empieza la difusión de los laboratorios FabLAB en todo el mundo.

Estos espacios están pensados como lugares de encuentro en los que es posible diseñar, crear, establecer vínculos de unión y plantear problemas, así como lugares de transformación social. El planteamiento está muy vinculado a la educación, a la formación profesional, a las prácticas de co-diseño, a la generación de conocimiento compartido y al empoderamiento de las personas a través del uso activo de la tecnología en comunidad.

Paralelamente al desarrollo de la red oficial de laboratorios FabLAB en los últimos años, hemos asistido también a la difusión de makerspaces, espacios informales para la creación en comunidad, caracterizados por una inferior disponibilidad de recursos y una organización independiente de instituciones, universidades o compañías.

Otros dos elementos muy importante de la infraestructura comunitaria del movimiento maker son las comunidades virtuales y los repositorios de información, que los makers utilizan y alimentan con el conocimiento que producen, por lo que también son un lugar de encuentro e intercambio personal.

Fuente: Susanna Tesconi

¿Qué consejo darías a aquellas personas interesadas en el movimiento maker? ¿Dónde podrían realizar un primer contacto o encontrar información?

Lo que aconsejo es buscar el espacio maker que tengan más cerca y presentarse allí el día de puertas abiertas. El making es vivencial y abierto. Para documentarse hay un informe muy completo de César García, presidente de la Red Española de Creación y Fabricación Digital (Crefab), que permite entender la complejidad del ecosistema maker.

En una de tus entrevistas dijiste que se debe dar más visibilidad a las mujeres en el ámbito tecnológico. ¿A qué crees que se debe esta ‘invisibilización’ y cómo crees que podemos transformar esta situación?

El ámbito tecnológico, así como los contextos de investigación científico-tecnológica, siguen caracterizándose por una ingente presencia masculina y por una escasez de políticas para la igualdad y la inclusión. El mundo del making y del DIY tampoco está exento de estas dinámicas, incluso, contrariamente a lo que podemos imaginar, la fomentan, incorporando de forma acrítica modelos, ejemplos y prácticas que descienden directamente del mundo de la producción tecnológica, más tradicional y más excluyente. Buechley, Libow, Rosenfeld, nos alertan de que queda mucho trabajo de crítica, reflexión y concienciación para que los actuales entornos de aprendizaje basados en usos creativos de la tecnología sean realmente inclusivos y alimentados por la complejidad implicada por la diferencia.

Y ya para acabar, ¿en qué estás trabajando actualmente?

Acabo de comenzar una nueva etapa como docente de los Estudios de Informática, Multimedia y Telecomunicación de la UOC, en el área de Multimedia, especialmente en UX/DCU. También estoy ultimando mi tesis doctoral, sobre el making como herramienta pedagógica y colaboro con el Máster de Investigación y Experimentación en Diseño de BAU.

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