Universitat Oberta de Catalunya

Flujos de trabajo en audiovisual

Uno de los aspectos fundamentales en la producción audiovisual es la utilización de flujos de trabajo, podemos describirlos como el conjunto de aspectos operacionales de una actividad de trabajo que definen cómo se estructuran las tareas, cómo se realizan, cuál es su orden correlativo, cómo se sincronizan, cómo fluye la información generada a través de cada una de las tareas y cómo se hace el seguimiento para su consecución. Los flujos de trabajo sirven para automatizar secuencias de acciones, actividades o tareas necesarias para la ejecución de un proceso, en este caso la producción audiovisual. Una de las piezas clave para construir un flujo de trabajo son las herramientas que encontramos a nuestra disposición. El conocimiento exhaustivo de éstas y de su funcionamiento, así como de cada una de las tareas que componen el flujo, aportará la posibilidad de intervenir sobre él para modificarlo, adaptarlo a nuestras posibilidades y optimizarlo a los recursos disponibles.

Elegir o diseñar un flujo de trabajo para una producción audiovisual requiere responder a una serie de cuestiones relativas a la obra que se quiere realizar. Hay que pensar no solo en cada una de las etapas, sino en cómo se interrelacionan entre sí para tener una visión completa del proceso que abarque desde la preproducción hasta la distribución. La elección de las herramientas con las que se va a realizar una pieza audiovisual es un momento delicado ya que afectará y en algunos casos determinará una serie de cuestiones técnicas. Por ello es necesario tener en consideración desde los primeros momentos algunos aspectos técnicos que debemos definir y mantenerlos ya que afectarán al proceso completo. A partir de este momento tendremos que decidir la cámara, los códecs y la resolución que utilizaremos, también necesitamos definir un número aproximado de horas de material grabado y aspectos relacionados con la posproducción tanto de audio como de vídeo. Para definir todas estas cuestiones debemos tener en cuenta un factor fundamental, cuál es la estrategia de distribución.

Elegir o diseñar un flujo de trabajo para una producción audiovisual requiere responder a una serie de cuestiones relativas a la obra que se quiere realizar

Todas las decisiones que tomemos con respecto a estas cuestiones técnicas, afectarán de manera significativa a la velocidad de trabajo o a los recursos requeridos para procesar la información. Esto es fundamental ya que afecta directamente en la duración de la fase de montaje en la que influyen factores como la cámara, los codecs o la logística de rodaje ya que dependiendo de éstos, en algunos casos se podrán concatenar rodaje y montaje. Hay infinitas preguntas diferentes en cada producción. Cada problema que surge en un flujo de trabajo es una pregunta que el diseñador del flujo no ha respondido o que no se ha planteado con antelación.

Ejemplo de diagrama de flujo de trabajo para VJ (wikimedia)
Ejemplo de diagrama de flujo de trabajo para VJ (wikimedia)

Sin embargo, los flujos de trabajo no solo se aplican en cuestiones técnicas, si imaginamos el conjunto de áreas en la producción audiovisual como nodos interconectados, se pueden distinguir dos tipos de flujos de trabajo, uno determinado por el desarrollo de la propia producción y que da unidad al trabajo de todos los nodos de la manera mas óptima. El segundo flujo se realiza de forma individualizada dentro de cada nodo por cada usuario, operario, artesano o creador de la tarea correspondiente al nodo. Cada persona tiene sus usos y costumbres, sus técnicas y herramientas predilectas y cada uno es responsable de ampliar sus conocimientos y apropiarse de éstas, es decir, hacerlas propias para desarrollar un ‘método propio’ que puede evolucionar si la persona que está detrás lo va depurando a lo largo del tiempo.

Un profesional del audiovisual debe ser capaz de amoldarse a cualquier flujo de trabajo, para ello debe conocerlo y analizar sus particularidades para poder adaptarse y optimizarlo con los recursos disponibles. Pero también debe acostumbrarse a estudiar y diseñar sus propios flujos de trabajo. Cuando uno adopta un flujo de trabajo prediseñado, es su responsabilidad estudiarlo en profundidad para responder a las preguntas adecuadas sobre su producto, para no caer en los peligros de una mala elección de flujo.

Un profesional del audiovisual debe ser capaz de amoldarse a cualquier flujo de trabajo, para ello debe conocerlo y analizar sus particularidades para poder adaptarse y optimizarlo con los recursos disponibles

A continuación realizaremos un análisis de ejemplos de problemas frecuentes causados por un mal flujo de trabajo. Frecuentemente nos encontramos con situaciones en las que, en principio, estamos limitados por los recursos. Un ejemplo lo podemos encontrar en la fase de montaje cuando comprobamos que el ordenador que estamos utilizando funciona con lentitud. A partir de esta situación la respuesta más habitual sería que el ordenador no tiene la suficiente potencia para procesar la información. A pesar de tener presente los requerimientos que implica trabajar en HD, es importante tener claro que esta situación no es únicamente un problema del ordenador, ya que podemos adaptar el flujo de información a su capacidad de procesado. Si el ordenador no es capaz de reproducir fluidamente HD pero si puede trabajar de un modo estable con videos en 720, llegamos a la conclusión de que trabajando conesta resolución nos ahorramos un tiempo considerable en el procesado, además es suficiente si su distribución va a ser a través de internet. En el caso de que necesitásemos obtener una mayor resolución, siempre podremos trabajar a la que nuestro ordenador lo permita y posteriormente relinkarlo y exportarlo a la máxima resolución. El modo en que nos relacionamos y operamos con la tecnología del audiovisual repercute en el modo en que las otras personas reciben. De algún modo esa relación entre el creador y la tecnología que ha utilizado para crear su obra se ven representados.

Es importante observar y definir las relaciones que mantenemos con la tecnología y particularmente en el caso del audiovisual, ya que esta afecta al aspecto y repercute en el modo en el que otras personas perciben los contenidos que hemos creado. En ocasiones nos encontramos videos que se han grabado con muy pocos medios técnicos y que sin embargo lucen por su calidad, esos pequeños matices que hacen un contenido ‘diferente’ son los que se pueden aportar a través de algunos ajustes en determinados nodos del flujo global. Ante la potencia y capacidad técnica de la tecnología debemos situarnos en una posición que nos ayude a encontrar un equilibrio entre necesidades y recursos, esto lo podemos conseguir a través de la optimización de los flujos de trabajo.

Diagrama de flujo de trabajo de video en RAW (kinoraw.net)
Diagrama de flujo de trabajo de video en RAW (kinoraw.net)

Un ejemplo de cómo podemos optimizar el flujo de trabajo lo podemos encontrar en el codec MJPEG que contiene una secuencia de JPEGs empaquetada en un archivo de vídeo, y gracias a ello permite un uso más eficiente de la memoria del ordenador. Al no realizar una gran compresión, la decodificación es ligera y puede realizarla la mayoría de tarjetas gráficas, por tanto no requiere de uso de la CPU, quedando libre para mantener la latencia de la reproducción y la velocidad en la aplicación de efectos o transformaciones. No obstante, genera un tamaño mucho mayor de archivos, cientos de gigas de archivos intermedios que van desde los originales al máster final. Por tanto en lugar de utilizar un ordenador muy potente, podemos alterar nuestro flujo para utilizar otro que no lo sea tanto aunque necesitemos más espacio en nuestros discos duros. En el caso de que escojamos grabar en RAW es fundamental tener presente que el flujo se complica debido a la necesidad de trabajar con varios archivos intermedios y en este sentido se debe tener muy presente cómo se va a archivar todo este material y también hacer un cálculo estimado del volumen de memoria que necesitaremos, 15 minutos de vídeo del negativo digital en RAW pesan 64Gb.

Pongamos otro ejemplo, hemos rodado un documental con una cámara de muy alta calidad y la hemos aprovechado al máximo. Tenemos el montaje listo, pero es imprescindible pasar por talonaje para corregir algunos errores de fotografía. Para ello necesitamos un potente hardware que solo está disponible en un estudio de pos-producción al que solo tenemos acceso a través de un colega que trabaja en uno, pero que no tiene tiempo para hacernos un hueco. El documental envejece rápidamente y corremos el riesgo de que pierda su interés, es demasiado frecuente encontrarnos con este tipo de situaciones en las que estos errores de planificación que están directamente relacionados con los flujos de trabajo.

Los flujos de trabajo no sólo afectan a la relación que mantenemos con la tecnología, también influyen en otros aspectos como las vías de comunicación entre las diferentes personas que integran el equipo

Frente a tareas concretas de una producción tener un mapa general de nuestro flujo de trabajo para Planificar y optimizar los recursos. Los flujos de trabajo no sólo afectan a la relación que mantenemos con la tecnología, también influyen en otros aspectos como las vías de comunicación entre las diferentes personas que integran el equipo. El trabajo colectivo requiere necesariamente de flujos de trabajo y en el caso de proyectos más horizontales y colaborativos es fundamental la adaptación y definición de responsabilidades de cada persona, de los márgenes en los que se desarrolla la creatividad de cada integrante y de cómo se pueda integrar al resultado final. Si nuestros flujos contemplan este tipo de situaciones, podremos sacar partido de los aportes de cada persona y de cada recurso disponible siempre que lo hayamos previsto con antelación. Teniendo esto en cuenta es importante mantener un equilibrio entre los equipamientos y las personas. Realizar contenidos puede contribuir a la consolidación de equipos y flujos de trabajo y esta es una de las grandes potencialidades de los modelos colaborativos, que no obstante, requieren de un esfuerzo, compromiso y respeto constante por parte de todos los implicados, desde el director hasta el público co-financiador pasando hasta por el último chico de los cafés.

Acerca del autor

Simón Vialás Fernández (Villanueva de la Serena, 1978) cuenta con una amplia experiencia profesional en producción audiovisual de cine y televisión. Actualmente realiza estudios de Doctorado en comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), su tesis trata sobre la producción de cine documental orientada al procomún. Simón ha compaginado su experiencia profesional con su otra gran vocación, la investigación y docencia en el ámbito audiovisual. Trabajó como profesor asociado de los laboratorios de radio y televisión de la UAB, también ha dirigido y participado en proyectos de alfabetización mediática en España y América Latina. Ha sido el impulsor del proyecto KinoRAW junto a Carlos Padial, en él investigan y divulgan el uso de herramientas de software libre y hardware abierto en la producción audiovisual.

2 comentarios

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  1. Muy interesante el artículo, por los datos y reflexiones que aporta, para alguien como yo novel en este mundo en el que me gustaría ir profundizando poco a poco. Gracias!

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