Universitat Oberta de Catalunya

Externalidades y patrones: ¿para qué un análisis de las redes sociales?

“El hombre es un ser naturalmente sociable, y el que vive fuera de la sociedad por organización y no por efecto del azar es, ciertamente, o un ser degradado, o un ser superior a la especie humana; y a él pueden aplicarse aquellas palabras de Homero: Sin familia, sin leyes, sin hogar”. Probablemente nunca como ahora habían sido tan y tan vigentes las palabras que Aristóteles escribió en el Libro I de su Política.

Las Tecnologías de la Información y la Comunicación han facilitado, como jamás antes en la historia, que las personas se comuniquen unas con otras y que compartan información de todo tipo. Además de facilitar esas relaciones, herramientas como las plataformas de redes sociales (a las que llamamos simplemente “redes sociales”, una metonimia tan práctica como equívoca) trazan prácticamente todos y cada uno de los movimientos que hace un individuo en dichas herramientas. Con ello, se han hecho explícitos los comportamientos y las relaciones persona-a-persona y persona-contenido-persona que en ellas se dan, generando una ingente cantidad de datos que ha permitido a los investigadores analizar, a menudo en tiempo real y de forma exhaustiva la forma y el fondo de las redes sociales. A esa trazabilidad hay que añadirle la concurrencia de otro género de herramientas relacionadas con la visualización de datos y, especialmente, la representación de redes sociales, dando un verdadero vuelco a la disciplina del análisis de redes sociales.

Pero, más allá de obtener vistosos gráficos, ¿por qué es tan importante el análisis de redes sociales? ¿Para qué puede servirnos?

Características de las redes: las externalidades

Una red social es una estructura de organización social que carece por completo de jerarquías. Sus nodos – personas, instituciones, objetos… – están conectados entre sí directamente gracias a las interacciones que mantienen, siguiendo un pequeño conjunto de normas, a menudo implícitas o incluso en total ausencia de estas.

Este tipo de arquitectura de red tiene tres importantes características que, en gran medida, la diferencian de otros tipos de estructura [1]:

1)    Las externalidades de red directas son aquellos efectos positivos o negativos que se incrementan a medida que el número de nodos de la red aumenta. Pertenecer a una red de intercambio de libros es tanto más interesante cuantos más miembros tiene la red, ya que a más miembros más títulos disponibles habrá para el intercambio. Por el contrario, puede suceder que ese crecimiento suponga una congestión o una saturación de la red, donde el mayor número de miembros incremente la demanda de los títulos más populares aumentando, con ello, las esperas para obtenerlos.

2)    Las externalidades de red indirectas son aquellas donde el impacto de la red no se refleja en la red misma, o en sus nodos, sino en su contexto más cercano o en el ámbito en el que se enmarca. La adopción masiva de un sistema operativo o una plataforma, por ejemplo, genera externalidades de red directas para los usuarios que pueden intercambiar archivos sin temor a incompatibilidades con un mayor número de personas. De forma indirecta, además, se generará un ecosistema de desarrolladores a su alrededor que vendrán a enriquecer con sus aportaciones esa misma red. No obstante, existe el riesgo de que los beneficios percibidos por las crecientes externalidades de red indirectas acaben propiciando un monopolio de facto en un determinado sector, ya sea económico o no.

3)    Por último, pueden darse externalidades de red de aprendizaje que, muy relacionadas con las anteriores, se refieren al disminuirse o al acortarse las barreras de aprendizaje para operar en una red debido, precisamente, al incremento de conocimientos disponibles sobre la misma. Sin lugar a dudas, el ejemplo paradigmático es la comunidad de hablantes de una lengua, o la comunidad de desarrolladores en un lenguaje de programación.

En 1995, con la apertura de Internet a la sociedad civil, pasamos, prácticamente de golpe, de un mundo analógico, donde las distancias físicas son relevantes y los bienes materiales son escasos, a un mundo digital, donde las distancias (tanto geográficas como temporales) desaparecen y la producción y reproducción de contenidos a costes despreciables. Sin apenas costes de bienes y servicios (digitales) ni costes de transacción, el desarrollo de redes sociales se ha visto acelerado considerablemente en esta nueva era dando lugar a la Sociedad Red.

Veamos un par de ejemplos radicalmente transformadores:

1. Política: de la Primavera Árabe al 15M y OccupyWallStreet

La ausencia de una democracia de calidad – o carencia absoluta de ella – en los países del norte de África no fue algo que sucedió de la noche a la mañana, como tampoco lo fue la crisis que azota ferozmente los países más desarrollados. Durante los últimos años – más en el primer caso, menos en el segundo – ha habido llamadas a la movilización, protestas y pequeños levantamientos… a cuál más infructífero.

El paso de una estructura jerárquica – liderada y desarrollada verticalmente – por partidos, sindicatos u otras organizaciones – a una estructura de red – sin centro visible, sin programa definido – es lo que, con mucha probabilidad, ha sido una de las causas fundamentales para que las revoluciones de la Primavera Árabe o las protestas del 15M y OccupyWallStreet hayan tenido mucho más eco y un mayor impacto que intentos anteriores.

Agregarse a la red de protestas era mucho más fácil que la militancia en un partido. Además, las externalidades directas de pertenecer a una red hacían que el movimiento fuese más fuerte cuanta más gente se adhiriese y, en el mismo sentido, estar fuera de la red de protestas tenía un coste altísimo por lo difícil de articular una contrapropuesta – ¡incluidas las institucionales! Las externalidades de red indirectas fueron las que hicieron posible que las protestas resonaran más allá de una única plaza, e incluso de un único país, como bien demostró la protesta global del 15 de octubre de 2011. Además, se crearon herramientas para la mejor difusión de los mensajes, se crearon nuevos protocolos de actuación, se crearon guías para el uso de medios sociales… todo el ecosistema de participación de la sociedad civil se vio beneficiado de unas protestas organizadas en red. El hecho de realizarse todo ello en abierto, además, bajo los costes de “aprender a protestar”, arrojando claras externalidades de red de aprendizaje.

2. Economía: M-Pesa

En el ámbito de lo económico, podemos poner como ejemplo paradigmático la creación de M-Pesa – el sistema de pago por móvil hegemónico en África subsahariana – a partir de la creciente práctica de los usuarios de mandarse saldo unos a otros como forma de pago alternativa. Lo que en un principio seguramente nació como algo de ámbito doméstico – pagar unos servicios transfiriendo saldo telefónico de un abonado a otro – fue creciendo en la medida que la gente estaba dispuesta a aceptar ese saldo telefónico como pago y, sobre todo, a medida que más y más gente se abonaba a un servicio de telefonía móvil no para disfrutar de los servicios habituales – voz, mensajes de texto – sino para poder hacer pagos y cobros a través de transferencias de saldo. Un claro ejemplo de red acelerado por las externalidades de red directas.

En lo que se refiere a las muchas externalidades de red indirectas podríamos citar tres fundamentales: la primera, la creación de un servicio – M-Pesa, en 2003 – de transferencia de fondos a través del móvil; la segunda, la rápida adopción del pago electrónico para un número creciente de transacciones comerciales, con la consecuente dinamización del sector por la superación de la necesidad de disponer de metálico;la tercera, el abandono de una economía fuertemente sumergida y/o basada en el trueque, para entrar en la economía formal.

Por supuesto, y más en una sociedad con todavía una fuerte transmisión oral del conocimiento, las externalidades de aprendizaje eran más y más presentes al dejar de ser el pago por móvil algo marginal para ser un modus operandi totalmente popular.

Análisis de redes sociales

Es interesante señalar que ni en el caso de las revoluciones y protestas que eclosionaron durante 2011, ni en el caso de las transacciones vía móvil, los principales agentes fueron capaces de anticipar lo que se estaba gestando.

El análisis de redes sociales, aún con sus limitaciones, puede seguramente ayudar a detectar en el futuro cambios como los anteriormente descritos, de forma que los agentes implicados puedan, si no anticiparse, sí al menos ajustar planificación a lo que, según arrojen los datos del análisis, puede estar por venir.

Por una parte, el análisis de redes sociales puede contribuir en la detección de comportamientos emergentes [2] dentro de la población. O, al menos, a comprenderlos mejor. El mapa de la blogosfera árabe que publicaron en 2010 Bruce Etling y sus colegas de la Universidad de Harvard puede que no anticipara la revolución en Egipto, pero sí nos pone sobre la pista, por ejemplos, de los principales actores de la primavera árabe y las relaciones entre ellos en el mundo digital.

Mapa de la blogosfera árabe (Etling et al, 2010) [3]

Podemos ver, por ejemplo, como la blogosfera egipcia es, con diferencia, la más potente de la zona, estrechamente ligada, además, a los reformistas seculares: la cantidad de nodos (blogs) que aparecen en el cuadrante derecho superior – los relativos a Egipto – está mucho más poblado y es mucho más denso que los relativos a otras comunidades geográficas o culturales. Sin lugar a dudas esta blogosfera – y, por construcción, también el resto de plataformas de redes sociales – contribuyó a generar la masa crítica que desembocó en el alzamiento popular, a diferencia de la blogosfera siria, más desarticulada, como su sociedad civil también está demostrando ser. Por otra parte, el mapa ayuda también a comprender la creciente importancia política de los Hermanos Musulmanes (Muslim Brotherhood¸en el mapa, nodos en verde), ya con una fuerte presencia en las ágoras digitales y estrechamente entrelazada con el resto de blogs egipcios, entre ellos la también importante comunidad de reformistas seculares (Secular Reformists, en el mapa, nodos en rosa). Vale la pena recordar aquí que las mediciones de dichas blogosferas se realizaron entre marzo de 2008 y abril de 2009, justo durante la génesis del Movimiento del 6 de Abril (de 2008) egipcio, pero mucho antes del Día de la Revolución en Egipto, el 25 de enero de 2011.

Si la fotografía anterior es estática, mucho más interesante es el análisis de redes sociales en su vertiente dinámica, añadiendo el factor tiempo. Es este análisis dinámico el que nos puede permitir detectar patrones de adhesión a una red o la adopción de una herramienta específica, la velocidad de propagación de un mensaje dentro de la red, la identificación de los nodos principales (hubs) y cuáles son los factores que fundamentan su reputación en el tiempo. Lo ejemplifica perfectamente el vídeo que visualiza las interacciones que hubo entre el 25 de abril y el 26 de mayo de 2011 alrededor de la temática del 15M, quedando demostrada la fuerza de liderazgo de AcampadaSol en Madrid, así como el intenso diálogo que se establece entre las dos mayores ciudades del Estado Español, Madrid y Barcelona, y las ya menores conexiones entre el resto de ciudades entre ellas.

Muestra geoposicionada de mensajes entre partipantes
del movimiento 15M en redes sociales (BIFI, 2011) [4]

La institución es la red

Tras siglos de analizar las instituciones como motoras de la sociedad, la nueva Sociedad Red viene a revolucionar por completo las interacciones sociales en todos los ámbitos. Las instituciones que representan, aglutinan, dirigen a los ciudadanos son reemplazadas, cada vez más, por nuevas estructuras sociales basadas en una arquitectura de red.

Si queremos seguir comprendiendo – o, al menos, intentándolo con más o menos tino – tenemos que ajustar nuestra forma de analizar el mundo a esta nueva estructura reticular de las relaciones humanas. El análisis de redes sociales, y especialmente desde que una gran parte de nuestras acciones es registrada y almacenada digitalmente, debe ser, si no la principal herramienta de análisis, si una herramienta indispensable en nuestro maletín de recursos.

Poco a poco, el análisis de redes sociales nos ayudará a comprender mejor la economía, la política, los movimientos sociales, la educación, el ocio… porque las instituciones o bien se transformarán radicalmente o bien desaparecerán. Las que se transformen adoptarán, casi con total seguridad, estructuras reticulares que faciliten a los ciudadanos tejer sus relaciones alrededor de un interés común. Las que desaparezcan, lo harán porque una red, emergente, descentralizada, habrá tomado su lugar. La institución será la red.

Referencias bibliográficas:

[1] Para una interesante introducción a los aspectos de las externalidades de red, ver Torrent-Sellens, J. (2009). “Conocimiento, redes y actividad económica: un análisis de los efectos de red en la economía del conocimiento”. En UOC Papers, 8. Barcelona: UOC.

[2] Los comportamientos emergentes tienen una lectura fascinante en Johnson, S. (2001). Emergence. The connected lives of Ants, Brains, Cities and Software. London: Penguin Books. Existe también una traducción al castellano: Johnson, S. (2003). Sistemas emergentes. O qué tienen en común hormigas, neuronas, ciudades y software. Madrid: Turner Publicaciones.

[3] Etling, B., Kelly, J., Faris, R. & Palfrey, J. G. (2010). “Mapping the Arabic Blogosphere: Politics, Culture, and Dissent”. En New Media & Society, 12 (8), 1225-1243. London: SAGE Publications.

[4] BIFI (Instituto Universitario de Investigación. Biocomputación y Física de Sistemas Complejos, Universidad de Zaragoza) (2011). Comunicación entre usuarios de redes sociales en torno al movimiento 15m. http://15m.bifi.es/