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Diseño sostenible: “The Algae Dome”

Del 1 al 3 de septiembre, la feria de arte contemporáneo CHART de Copenhague acogió una singular pieza que no era ni una obra de arte ni un proyecto de arquitectura, sino una estructura capaz de producir microalgas comestibles. The Algae Dome es un proyecto de SPACE10, el laboratorio de investigación sobre el futuro de la vida en las ciudades vinculado a IKEA. Una estructura esférica, diseñada por los arquitectos Aleksander Wadas, Rafal Wroblewski, Anna Stempniewicz y el bioingeniero Keenan Pinto, se aplica a este tipo de huerto, formando una estructura de madera de cuatro metros de alto cubierta por 320 metros de tubo de plástico transparente. The Algae Dome fue capaz de producir 450 litros de microalgas durante los tres días en que duró el evento.

En el marco de una investigación acerca del futuro de la comida, el equipo de SPACE10 se ha centrado en el trabajo con las algas como potencial comida del futuro. Según afirman, las algas contienen el doble de proteínas que la carne, además de muchas vitaminas y minerales (más beta caroteno que las zanahorias y más hierro que las espinacas).

Algunos tipos de microalgas, como la spirulina, pueden ser consumidas por humanos y animales, aportando más vitaminas, hierro y proteínas que otros alimentos y, además, de una manera que es asimilada con mayor efectividad por el cuerpo humano. La efectividad de la spirulina es conocida desde hace tiempo, puesto que ya la consumían los Aztecas y en 1974 fue declarada por las Naciones Unidas como “el alimento ideal para la humanidad.”

A fin de generar interés por la spirulina y sus posibilidades, el equipo de SPACE10 ha creado The Algae Dome como una demostración de la posibilidad de cultivar las algas en prácticamente cualquier lugar. Situado en el exterior, este pabellón es a la vez una estructura habitable en la que, según afirman sus creadores, se respira mejor aire gracias al oxígeno emitido por las algas, y un huerto urbano que facilita la duplicación de las algas y su recolección para convertirlas en alimento. A fin de hacer más atractivo su consumo, se pidió al chef Simon Perez que experimentase con la spirulina, dando como resultado unas chips que se ofrecían a los asistentes. El proyecto cumple así su cometido por medio de un diseño llamativo pero a la vez efectivo, que puede construirse con bajo coste y que, por tanto, supone un prototipo que podría producirse a menor tamaño para su uso en el hogar. Esta es la idea que visualizan sus creadores:

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