Universitat Oberta de Catalunya

Crowdfunding, financiación transversal y colectiva

Puede parecer que la financiación colectiva es algo relativamente reciente, sobre todo desde la popularización del término crowdfunding. A pesar de ello, las películas y otros contenidos audiovisuales siempre se han financiado colectivamente, lo único que ha cambiado es que gracias a la web se han incrementado notablemente las posibilidades de interacción y participación. De modo que si antes eran pocos bolsillos de los que salían grandes cantidades de dinero, ahora se puede llegar a muchas personas que contribuyen con pequeños aportes. Este tipo de participación se puede incluir en lo que Antoni Roig (1) denomina como la ‘apertura del cine’ en concreto en lo que Roig denomina como la apertura de los proyectos. De otro lado, Henry Jenkins (2) expone como se están desarrollando nuevas modalidades de participación en el ámbito de la producción cultural Jenkins plantea cómo se dan dos tendencias culturales: la corporativa y la participativa. En este caso nos ocupamos de describir las características de este tipo de participación en una fase fundamental de la producción: la financiación.

Es necesario realizar una aclaración ya que el término crowdfunding en ocasiones parececonfundirse con un concepto parejo como es el de crowdsourcing también denominado como financiación colectiva. La diferencia fundamental es que este último se centra en el proceso de creación o ejecución en sus diversas fases, mientras que el crowdfunding se ajusta exclusivamente a la colaboración de muchos microfinanciadores para ejecutar cualquier tipo de proyecto. Pero, ¿en qué consiste exactamente y en qué términos se da esa colaboración?

Los productores y directores que necesitan financiamiento tienen la opción de presentar el proyecto a su público potencial y tratar de contagiar su entusiasmo para que colaboren en la producción de un cortometraje, un documental o cualquier otro tipo de contenido. Es fundamental que la forma de pago sea accesible y que permita hacer los aportes de un modo sencillo, generalmente suelen hacerse a través de una pasarela de pago que se encuentra en la propia web del proyecto o a través de una plataforma de crowdfunding. Como esta es una forma de recibir ingresos, tiene unas implicaciones en la fiscalidad de los proyectos, existe un baremo que indica que a partir de cierta cantidad de dinero deja de considerarse una donación y pasan a ser unos ingresos que son tributables. Por esto es aconsejable contar con este gasto asociado porque dependiendo del presupuesto total puede llegar a ser una cantidad significativa.

Para simplificar el proceso, hacerlo más accesible y en definitiva para gestionarlo de un modo más eficiente, han sido varias las plataformas que ofrecen sus servicios para dar soporte a campañas de financiación colectiva. Existen varios tipos de plataformas de financiación colectiva, algunas están destinadas a proyectos de todo tipo y otras se centran en un perfil concreto de proyectos, como por ejemplo, la plataforma Kifund está centrada en producciones audiovisuales. Las plataformas de crowdfunding dan soporte a aquellos proyectos en busca de financiación colectiva, los impulsores de cada proyecto elaboran un perfil dentro de la plataforma en el que se describe y se justifican las motivaciones que llevan a los impulsores a poner en marcha su apuesta. Es frecuente que se utilicen videos de presentación o teasers (3) para dar a conocer y estimular la participación de la comunidad a la que se dirige.

Dependiendo de cada plataforma y de cada proyecto encontraremos que en ocasiones los promotores publican su presupuesto y explican cómo van a financiarlo, así como qué porcentaje del presupuesto total se pretende conseguir a través de la financiación colectiva. La transparencia en estos aspectos monetarios contribuye decisivamente sobre la construcción de la comunidad bajo un principio fundamental, la confianza. En este apartado se suele especificar cuáles son las necesidades monetarias que tiene el proyecto y en definitiva se desglosa en qué se va a invertir o dónde van a ir a parar los ingresos que reciba el proyecto. Para que los potenciales co-financiadores puedan tener un mayor número de opciones y para diversificar las opciones de ingresos, generalmente los impulsores proponen distintas cantidades de aportes que pueden ir desde una cantidad simbólica de uno o dos euros, hasta cantidades mayores. Como agradecimiento al apoyo recibido se ofrecen una serie de recompensas cuyo valor está en función de la cantidad aportada. La tipología de diversas  recompensas como el reconocimiento de los microfinanciadores el proyecto en los títulos de crédito, productos o servicios de distinto valor que suelen tener cierto carácter exclusivo. Estas recompensas no son consideradas como compras ya que el producto es una recompensa al apoyo económico recibido.

Las plataformas de crowdfunding establecen una serie de condiciones que han de tenerse muy en cuenta a la hora de poner en marcha una campaña. Es necesario que una persona se haga cargo de ocupar el rol de impulsor y será el o ella quien asuma la responsabilidad con respecto a la fiscalidad y a la comunidad de co-financiadores. Por otro lado, a la hora de elaborar el presupuesto se debe tener en cuenta que la plataforma se suele quedar entre un 8 y un 10% del total recaudado en la campaña, este importe es la fuente principal de ingresos de estas plataformas. En cuanto a esto, se debe considerar si interesa insertar nuestra campaña de financiación colectiva en una plataforma de ámbito nacional o internacional.

Otro factor a tener en cuenta antes de empezar una campaña es el límite temporal que establecen las plataformas para conseguir un mínimo óptimo del presupuesto. Algunas plataformas establecen este límite como un filtro para evitar que se algunos proyectos se perpetuen en fase de financiación. Dicho límite temporal puede jugar un papel dinamizador para los responsables de la campaña de financiación obligando a idear estrategias para conseguir el objetivo marcado.

En algunos casos se establecen dos rondas para la financiación, en la primera se debe completar una cantidad mínima para la ejecución del proyecto. Si no se alcanza esa cantidad en un periodo de entre 30 y 40 días pueden darse dos situaciones que dependen de las condiciones que ofrezca cada plataforma. Para superar esa primera ronda se debe conseguir el mínimo establecido, de lo contrario se perdería el total de lo recaudado. Aunque se haya alcanzado una cantidad considerable y sin embargo no se alcance el mínimo, debe entenderse que son los propios impulsores los que han establecido esa cantidad mínima para poder ejecutar el proyecto, y si no se ha alcanzado, la viabilidad del proyecto pueda verse comprometida. Los aportes recibidos no se efectúan, es decir, no se hace el cargo a la tarjeta con la que se realizó hasta que se haya superado esa primera ronda. Si se recauda esa cantidad mínima, se pasa a una segunda ronda en la que cada proyecto dispone entre 30 y 40 días adicionales para alcanzar el óptimo o incluso superarlo.

Como se comenta anteriormente, es necesaria una estrategia de cara a la campaña de financiación colectiva. En primer lugar es recomendable haber empezado previamente al lanzamiento de la campaña a crear una comunidad de modo que puedan contribuir en la difusión o con su apoyo económico. Para ello se actualiza y se dan reportes a través de redes sociales y del perfil del proyecto, en estas actualizaciones se suele indicar el estado en el que se encuentra el proyecto, los logros conseguidos y su evolución. Hay que considerar que al lanzar una campaña estaremos asumiendo unas responsabilidades legales con las que adquirimos un compromiso fundamental con respecto a la comunidad, la realización efectiva del proyecto.

La financiación colectiva tiene un gran potencial para el desarrollo de proyectos audiovisuales, pero además,  está alterando la relación que ha existido tradicionalmente entre los productores de contenidos y sus públicos. Esta alteración afecta también al modo en el que se ejecutan y crean los proyectos, ya que este modelo implica que se desarrolle un tipo distinto de relaciones que se han mantenido con los públicos. La diferencia fundamental radica en que se establecen relaciones con el público desde las primeras fases como la pre-producción, del lado del público también se producen alteraciones ya que pasa a ser una parte activa en la ejecución del proyecto contribuyendo decisivamente a aumentar el capital simbólico y al desarrollo de sinergias en las fases de promoción y distribución. El ciclo económico de proyectos que se apoyan en la financiación colectiva se basa en la recaudación para la producción y no en la recaudación posterior en ventas o en taquilla. Queda por determinar hasta qué punto y de qué modo estas producciones acceden a circuitos de explotación comercial o generan un circuito cultural realmente alternativo. Respecto al éxito de recaudación a priori, debe tenerse en cuenta que este tipo de estrategia de financiación supone al mismo tiempo un filtro en el que los proyectos que no resulten atractivos o no cuenten con una buena estrategia, serán desestimados por la audiencia a la que se dirige.

A pesar de todos los aspectos positivos, existen también unos límites en esta forma de financiación. Se puede decir que en general esta modalidad se adapta mejor a proyectos que no tengan un presupuesto muy elevado, sobre todo porque en principio el crowdfunding está concebido para conseguir un gran número de aportes de pequeñas y medianas cantidades, por lo que se tardaría mucho tiempo en recaudar una gran cantidad. El crowdfunding no suele considerarse como una forma de inversión, sin embargo no es excluyente que en este tipo de financiación se busquen también aportes de mayores cantidades. A través de estos aportes se puede, si así lo establecen los impulsores, participar en los posibles beneficios económicos que genere la producción. Como en cualquier otra apuesta, los proyectos que basan su plan de financiación en una única fuente de ingreso tienen más probabilidades de fracasar. Por ello se ha de tener en cuenta que el crowdfunding puede ser un complemento importante para lograr los objetivos, pero no debe ser contemplado como la única fuente de ingresos, ya que excepcionalmente podría llegar a cubrir el total de las necesidades económicas de la producción.

La financiación colectiva abre nuevas puertas para la producción independiente a proyectos que no pueden acceder o no encuentran vías de financiación a través de las vías tradicionales. Esto tiene repercusiones sobre el desarrollo de la autonomía y de la libertad creativa en la producción audiovisual, es previsible que en lo sucesivo veamos cómo se desarrolla una mayor diversidad en torno a formatos, estilos o temáticas tratadas en los contenidos audiovisuales y que de este modo se puedan satisfacer demandas o llegar a nichos de mercado que no están cubiertos por los productores tradicionales.

Un factor determinante en el éxito de los proyectos que se financien a través de esta vía es que busque su propia audiencia y que desarrollen una comunidad que respalde la iniciativa. Esto es fundamental ya que van a ser los miembros de la comunidad quienes jueguen a favor de que el proyecto se lleve a cabo. Su papel es determinante tanto en la financiación como en la distribución, ya que las recomendaciones entre usuarios son una excelente vía de promoción. Además, el contar con una comunidad que apoye el proyecto puede jugar un papel decisivo en la búsqueda de otras vías de financiación. Un aspecto a tener en cuenta es que el rol de consumidor como mero receptor pasivo se ve desplazado por el de usuarios que se convierten en elementos clave en la cadena de valor, siendo la propia comunidad un elemento de valor en sí misma.

La implicación de los públicos en los procesos de producción puede acompañar en ocasiones a otros procesos colaborativos que discurren en paralelo, esto contribuye a generar un sentimiento de pertenencia con respecto a la comunidad y por otro lado también canaliza un deseo de participación en la producción audiovisual, actividad que tradicionalmente ha estado reservada a un grupo restringido de personas. La financiación colectiva supone un valioso recurso que nos invita a pensar que es tan importante la apertura de nuevas vías de financiación como el desarrollo de modelos de producción participativa. Todas las personas que se embarquen en esta propuesta encontrarán que la experiencia del proceso puede ser tan enriquecedora como el producto final.

REFERENCIAS

(1) Antoni Roig  –  https://uoc.academia.edu/AntoniRoigTelo
(2) Henry Jenkins  –  http://henryjenkins.org/
(3) Teaser  –  https://es.wikipedia.org/wiki/Campa%C3%B1a_de_intriga

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Acerca del autor

Simón Vialás Fernández (Villanueva de la Serena, 1978) cuenta con una amplia experiencia profesional en producción audiovisual de cine y televisión. Actualmente realiza estudios de Doctorado en comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), su tesis trata sobre la producción de cine documental orientada al procomún. Simón ha compaginado su experiencia profesional con su otra gran vocación, la investigación y docencia en el ámbito audiovisual. Trabajó como profesor asociado de los laboratorios de radio y televisión de la UAB, también ha dirigido y participado en proyectos de alfabetización mediática en España y América Latina. Ha sido el impulsor del proyecto KinoRAW junto a Carlos Padial, en él investigan y divulgan el uso de herramientas de software libre y hardware abierto en la producción audiovisual.

2 comentarios

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  1. El financiamiento colectivo se ha convertido, hoy día, en una alternativa real para el desarrollo de proyectos e ideas, presentación de productos audiovisuales en otras latitudes, participación en congresos y bienales internacionales, etc. Excelente post!

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