Universitat Oberta de Catalunya

Formas de participar en el audiovisual en red

En las esferas de la cultura y la comunicación se están desarrollando cambios sustanciales que están directamente relacionados con la digitalización, con el desarrollo de las tecnologías de la información y la comunicación y también con la gestión de derechos de autor. Estos cambios están redefiniendo tanto el modelo social y relacional como las formas de consumo y creación cultural. Las posibilidades de participar son un aspecto clave en estos cambios ya que se han incrementado y diversificado. El notable incremento en la producción de contenidos audiovisuales es un ejemplo del modo en que la participación de muchos pequeños productores, que crean y comparten contenidos, supone un contrapeso al poder ideológico y simbólico que tradicionalmente han ejercido los conglomerados mediáticos. Gracias a estas nuevas posibilidades, se empiezan a vislumbrar nuevas formas de narrar, nuevas temáticas y apropiaciones que no necesariamente responden a los cánones de la industria y esto, en principio, puede considerarse como un enriquecimiento de la cultura audiovisual.

Mapa del proyecto de audiovisual participativo
Mapa del proyecto de audiovisual participativo “One day on earth”

Quizá sea preciso comenzar acotando el término participar, para ello debemos tener presente que la centralidad que ocupaba la distribución de contenidos audiovisuales está siendo desplazada por la producción de dichos contenidos: la web 2.0 ha supuesto que los usuarios puedan contribuir al enriquecimiento y diversidad, compartiendo contenidos creados por ellos mismos denominados genéricamente UGC (user generated content). De este modo participan en el desarrollo de una oferta cultural que hasta hace poco estaba dominada por los contenidos producidos por los conglomerados mediáticos. Wikipedia, YouTube o MySpace son, entre muchos otros, claros estandartes de plataformas web cuyo contenido es creado por usuarios. Estas plataformas desempeñan el papel de grandes archivos a partir de los cuales se distribuyen contenidos creados por millones de personas en todo el mundo, que participan generando o compartiendo una inmensa diversidad de vídeos, audios o artículos sin precedentes en la historia de la Humanidad.

Se pueden observar varias modalidades de participación en los contenidos audiovisuales. Por un lado podemos compartir vídeos u otro tipo de contenidos generados por nosotros mismos, también con comentarios personales o compartiendo contenidos creados por otras personas. Las redes sociales, blogs y foros contribuyen decisivamente en su difusión. También tenemos la posibilidad de involucrarnos en proyectos liderados por otras personas o empresas aportando nuestros propios recursos, bien sean ideas, contenidos generados por nosotros mismos, opiniones, conocimientos o un modesto apoyo económico en una campaña de financiación colectiva (crowdfunding). Cada vez es más frecuente que los creadores de contenidos abran más las puertas a la participación en las distintas fases de producción de sus proyectos, desde el desarrollo de la idea inicial hasta la postproducción o la distribución. Los motivos de esta apertura tienen fundamentos económicos pero, a largo plazo, tal vez tenga mayor relevancia el hecho de que se pueda articular una “inteligencia colectiva” para la creación y difusión cultural.

Estas formas de participación en la producción de contenidos responden a la lógica del DIWO (do it with others) y al modo de producción P2P, es decir, la producción entre pares o iguales que responde a la misma lógica del sistema de intercambio de archivos a través de redes descentralizadas. Este modo de producción ha sido descrito por Michel Bauwens, quien pronostica una nueva revolución industrial basada en el P2P que no solo abarca la producción: también se desarrollan formas de gobernanza y propiedad distribuida bajo este paradigma de cooperación. Las implicaciones sociales y artísticas de este tipo de producción nos abren un amplio abanico de posibilidades. Quizá todo esto de la participación nos parezca algo reciente y consecuencia del desarrollo tecnológico, pero estaríamos cometiendo un grave error si lo considerásemos así, ya que el ser humano siempre ha sido participativo.

En el audiovisual el acceso a los medios de producción y de distribución estaba reservado hasta hace poco tiempo a profesionales y empresas. En este sentido, las posibilidades que tenemos hoy para acceder a la tecnología necesaria para realizar un vídeo y compartirlo son mucho mayores que hace tan solo una década. Nos encontramos ante un proceso de desintermediación que afecta especialmente a la distribución de contenidos: el público puede ver contenidos audiovisuales fuera de su canal de distribución tradicional, la televisión. El desarrollo de la banda ancha ha supuesto que se mejore la capacidad de transmisión de contenidos audiovisuales y este factor ha sido decisivo tanto en la producción audiovisual como en su consumo. De igual modo, las plataformas para albergar contenidos audiovisuales en línea han contribuido a la popularización del consumo de géneros y contenidos audiovisuales que, por no cumplir con los estándares de la industria, no tienen cabida en los medios tradicionales.

La web supone una ventana a la que se puede acceder fácilmente para subir o consumir productos audiovisuales. De este modo, el papel que jugaban los medios tradicionales como intermediarios en la difusión ha quedado desplazado, ya que en cierto modo se ha democratizado el acceso a los medios de producción y, sobre todo, a la poderosa ventana de distribución que es internet. El acceso al medio de distribución es clave, pero no podemos pasar por alto que para que un vídeo se popularice deben darse una serie de circunstancias: bien que el video sea muy bueno y que se propague de usuario en usuario, o bien que detrás del éxito de distribución haya toda una estrategia de difusión y una comunidad que lo apoye, como ocurre en la mayoría de los casos. Por otro lado, la desintermediación también afecta a la gestión de derechos de autor: a través de las licencias abiertas como las creative commons, los autores pueden gestionar los derechos que quieren reservarse en cada una de sus obras. Las licencias abiertas se crean a partir de un marco legal que da mayor flexibilidad que el copyright y han jugado un importante papel en el núcleo de la Web 2.0, ya que permiten la copia y pueden o no autorizar las remezclas o los usos comerciales, promoviendo la participación. Los contenidos que usan este tipo de licencias tienen más probabilidades de viralizarse, ya que se pueden compartir sin necesidad de pedir permiso con la condición sine qua non de citar siempre al autor. Así, el uso de estas licencias también repercute en el enriquecimiento del procomún en el ámbito de la cultura.

Los equipamientos han experimentado un desarrollo en cuanto a calidad de imagen y también a la integración en otros dispositivos cuyo uso principal es otro distinto a la captación de imágenes, como es el caso de los teléfonos móviles, que incluso tienen el potencial de transmitir video en directo a través de aplicaciones. De este modo, cualquier ciudadano puede convertirse en informador de un acontecimiento que no esté siendo cubierto por los medios informativos. En este sentido se puede encontrar un precedente en la cámara Brownie que supuso la popularización de la fotografía que contribuyó a que se aportara a través de la mera diversión y la improvisación un nuevo horizonte para esta incipiente forma artística. La presencia de contenidos noticiosos captados por ciudadanos es cada vez mayor.

En la década de 1920 el cineasta Dziga Vertov hizo un llamamiento a las masas para que cogieran cámaras de cine y registrasen el mundo que les rodeaba. Su postura era que solo a partir del montaje de estas grabaciones se podría superar la idea de la autoría individual, y en su ideal se podría ofrecer a través de estas grabaciones colectivas una visión del mundo tal y como era. La verdad que perseguía este cineasta solo se podría conseguir a partir de un cine sin autor, construido a partir de metraje filmado por muchas personas con múltiples visiones y que no estuviera construido por una élite al servicio de los intereses de los partidos. Vertov planteaba que para que esto fuera totalmente coherente también era necesario que se distribuyesen el mayor número de copias posibles y que se mostraran en todos los lugares. Décadas más tarde, el director de documentales Ricky Leacock argumentaba de modo similar a Vertov que la cinematografía tendría más valor si fuese adoptada como práctica por la ciudadanía y no solo por un pequeño grupo de cineastas profesionales.

Existen en todo el mundo multitud de medios ciudadanos o comunitarios, como radios, publicaciones impresas y televisiones, con un marcado carácter participativo. En estos medios son los miembros de la comunidad quienes generan la mayor parte de los contenidos que se emiten y generalmente están abiertos a la participación de quien quiera producir y llevar a cabo su idea de programa. De este modo se forman grupos y comunidades que crean contenidos y satisfacen intereses y necesidades informativas locales y de pequeños grupos, que son marginados por los grandes medios porque no suponen un beneficio en términos económicos. En la mayoría de los casos estos medios también cumplen una función educativa en el uso de tecnologías de la comunicación fomentando la participación de los integrantes de la comunidad en la que se insertan. Los participantes pueden aprovechar estas plataformas abiertas para aprender, hacerse oír o simplemente contar sus historias. En el caso de Cataluña, cabe mencionar el proyecto de Okupem les Ones, que en los últimos años ha desarrollado su propio canal de TV que emite a través de la TDT. Latele.cat es un ejemplo de cómo un canal autogestionado da voz a la ciudadanía a través distintos espacios, como los “wikivideos”, piezas audiovisuales producidas por gente y que se emiten en un espacio de la programación reservado para ellos.

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Interfaz de “The Johnny Cash project”

A continuación presentamos algunos ejemplos de diversos modos de participación en la producción audiovisual. En el estado español cabe mencionar el caso de “El cosmonauta”, la primera película financiada en parte a través de una campaña de crowdfunding y que ha conseguido el apoyo económico de más de 4500 personas. Se plantea como una producción que no solo abarca la película, ya que cuenta con episodios adicionales. Además, utiliza una licencia creative commons que permite copiarla, remezclarla y distribuir tanto la película como algunos de los materiales generados en torno a ella. Pero si hablamos de participación más allá de lo económico, debemos fijarnos en proyectos como “Life in a Day” o “One Day on Earth” que han sido realizados a través de las contribuciones de miles de cineastas, amateurs y profesionales, que subieron sus videos a portales de vídeo para posteriormente ser editados por los coordinadores de los proyectos, que son quienes a fin de cuentas deciden el corte final. Otro caso que merece la pena mencionar es el remake colectivo organizado por Perry Bard “Man with a movie camera” de la película del mismo título de Dziga Vertov en el que diversos cineastas recrearon cada una de las escenas de esta gran obra para celebrar su centenario. Pero la historia no acaba ahí, sino que cada día se produce una nueva versión con los materiales enviados por los y las participantes. La exhibición se realiza en una pantalla dividida en la que se puede contemplar simultáneamente la cinta original y su remake, y de este modo se pueden establecer unas interesantes comparaciones en este particular homenaje al cineasta polaco. Dentro de este tipo de participación cabe mencionar “The Johnny Cash Project”, en el que fans de este músico comparten una imagen fija que representa la última época del cantante y que son montadas para crear un video musical del tema “Ain’t No Grave”, la última grabación de estudio del cantante. Este proyecto sigue vivo y evolucionando a día de hoy. Por último, cabe mencionar el proyecto impulsado por una marca de plumas estilográficas, “The beauty of a second”, en la que la marca promueve la participación a través de la creación de videos que retratasen un instante de las vidas de los participantes durante un día concreto: El premio que recibían los ganadores era un reloj de pulsera, mientras que la marca ganaba el prestigioso León de Oro del Festival de Publicidad de Cannes.

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Cartel del corto experimental de Montblanc “The beauty of a second”

El concepto de autoría está sufriendo una reformulación, la frontera entre lo profesional y lo amateur se difumina. En la mayoría de los casos la calidad artística y técnica de los contenidos denominados amateurs puede no responder a los estándares industriales. A pesar de ello, sí debemos tener en cuenta la etimología del término y entenderlo como contenido producido por personas que aman lo que hacen, no deben ser menospreciados por no cumplir con ciertos estándares, sino evaluados como un producto de cultura popular realizado con métodos acordes a sus posibilidades. Este tipo de contenidos se está desprendiendo de los clichés que le quitaban valor por el hecho de no responder a dichos estándares porque en algunas ocasiones suponen un soplo de aire fresco. Lo cierto es que las producciones amateurs tratan temáticas que no tienen cabida en el mainstream y que además aportan puntos de vista y narrativas con un fuerte vínculo con lo local. De este modo se podría decir que hoy la auténtica producción independiente es la amateur, ya que no se ve sometida a los dictados y a las reglas de la producción convencional. En las producciones amateurs la finalidad de vender se sustituye por la finalidad de divertir o transmitir mensajes, y encuentran su público entre quienes saben apreciar el “cómo está hecho”. La fotografía durante mucho tiempo fue también así, debiendo sus mayores logros técnicos y artísticos siempre a los aficionados y amateurs.

La participación en la producción audiovisual está desarrollando una nueva rama que podríamos denominar producción distribuida al hilo de la lógica del P2P y el DIWO. En ella se pueden establecer distintos niveles de participación que a fin de cuentas dependen de la capacidad que los impulsores de cada proyecto quieran ofrecer a su comunidad de co-creadores. La participación es también muy significativa en la construcción colectiva de imaginarios, autorrepresentaciones, temáticas e intereses. La participación, además de crear fuertes sinergias, contribuye decisivamente en la creación de comunidades en las que cada participante puede considerarse coautor del resultado final y sentir el proyecto como propio.

Acerca del autor

Simón Vialás Fernández (Villanueva de la Serena, 1978) cuenta con una amplia experiencia profesional en producción audiovisual de cine y televisión. Actualmente realiza estudios de Doctorado en comunicación por la Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), su tesis trata sobre la producción de cine documental orientada al procomún. Simón ha compaginado su experiencia profesional con su otra gran vocación, la investigación y docencia en el ámbito audiovisual. Trabajó como profesor asociado de los laboratorios de radio y televisión de la UAB, también ha dirigido y participado en proyectos de alfabetización mediática en España y América Latina. Ha sido el impulsor del proyecto KinoRAW junto a Carlos Padial, en él investigan y divulgan el uso de herramientas de software libre y hardware abierto en la producción audiovisual.

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