Universitat Oberta de Catalunya

Los editores, desde la sala de máquinas de MOSAIC

Durante estos diez años de vida, la revista Mosaic ha tenido, además del liderazgo del equipo de profesores del área de Multimedia de los estudios de IMT de la UOC, la indispensable colaboración de personas que han aportado trabajo, ganas de aprender y entusiasmo para seguir la evolución del sector de los nuevos medios interactivos. Hablamos, por supuesto, de la contribución de los editores, esos jóvenes periodistas o estudiantes de comunicación que a lo de una década se han encargado de editar los artículos que les hacían llegar profesores y alumnos, de entrevistar personalidades y expertos en el campo multimedia y de organizar la planificación de los números de Mosaic con la ayuda y supervisión del Consejo editorial de la revista. Todos y cada uno de estos editores, algunos contratados y otros gracias al convenio de prácticas remuneradas que ofrece la UOC, vivió una experiencia personal única, dejó huella en la evolución de la revista y, muchos de ellos, encontraron en Mosaic un trampolín profesional.

Con algunos de ellos hemos compartido mesa y diálogo celebrando la década, reviviendo anécdotas y mirando de cara a un futuro complejo.

Aquí van unas pinceladas breves de esa conversación:

¿Cómo te enteraste de la posibilidad de colaborar con Mosaic?

Carlos Albadalejo: Mi primer contacto con Mosaic y, por tanto, con la UOC, se produjo gracias a la bolsa de trabajo de la FCC Blanquerna de la Universitat Ramón Llull. Efectivamente, ¡las bolsas de empleo de las universidades funcionan!

René Rodríguez: Accedí a la oferta través de Treball Campus de la UAB.

Roser Montserrat: Me apunté a la bolsa de trabajo de la UAB y Mosaic fue la primera oferta que recibí.

Anna Martorano: Un día decidí entrar en la bolsa de trabajo de la UPF para mirar que prácticas habría. Para comunicación la cosa estaba bastante mal: de una lista de más o menos 50 ofertas sólo 2 eran aptas para mi carrera, una de ellas era Mosaic.

¿Qué estudiabas por aquel entonces?

C.A.: Acababa de cursar el Máster Digilab en proyectos digitales de comunicación en la FCC Blanquerna de la Universitat Ramón Llull.
R.M.: Había terminado las prácticas obligatorias de Periodismo y tenía que ‘esperar’ hasta junio para licenciarme.
A.M.: Estaba estudiando la Licenciatura en Comunicación Audiovisual en la UPF.

¿Por qué aceptaste? ¿Cuáles eran tus expectativas?

R.R: Yo ya había realizado las prácticas de la licenciatura en periodismo en una editorial de revistas técnicas y lo que estaba buscando era la posibilidad de poner en práctica lo que había estudiado en la carrera. Desde el primer momento me interesó el puesto, porque por primera vez iba a conocer en carne propia cómo se editaba una revista, qué criterios se seguían para planificar los temas, cómo se montaba una publicación digital en Internet, etc. Me dio un poco de miedo, porque no estaba al tanto de las nuevas tecnologías y nunca había estado al frente de una revista. Me lo tomé como una aventura, como una experiencia que me ayudaría a formarme en la profesión que escogí estudiar.

R.M.: Para mí era un primer trabajo de verdad dónde, además, podía trabajar sobre un tema que me parecía interesante; y en un medio, el online, que no conocía.

A.M.: Esperaba poder continuar correctamente el legado que mi antecesor, David, me había dejado, así como aportar nuevas incorporaciones y, sobre todo, aprender.

¿Cuanto tiempo estuviste?

R.R.: Calculo que estuve en Mosaic desde enero de 2006 hasta abril de 2008, es decir, año y medio.

R.M.: Casi seis meses.

A.M.: Fue durante una breve temporada, de febrero a julio de 2010.

¿Qué cambios en la evolución de la revista viviste?

R.R.: No viví ninguno en especial. Se diseñaba tal como me lo había enseñado Carlos y así lo hice hasta que finalicé mi labor en Mosaic. Tal vez el cambio fue en el estilo de llevar la revista. Cada editor tiene una forma de trabajar y esto se ve reflejado en el acabado final.

R.M.: Cuando entré en Mosaic llevaba un tiempo de inactividad, breve, porque habían pasado unos meses desde que lo dejara el anterior becario. La volvimos a poner en marcha pero con la vista puesta en el proyecto de una alumna del GMMD de adaptación de un nuevo Mosaic, sobre wordpress. Nunca llegué a verlo mientras estuve, por lo que veo una evolución muy importante hacia mejor. Ahora se puede plantear una revista más dinámica y adaptada al medio.

A.M.: Cuando yo llegué la revista era formalmente un desastre: acababa de sufrir una migración y le faltaban la mayoría de fotografías, la agenda no acababa de funcionar bien, había demasiadas etiquetas que querían decir lo mismo y encontramos algún que otro fallo en el estilo. A mi me tocó unificar todo el contenido, volver a colgar las fotos artículo por artículo, unificar las etiquetas y, para cuando me fui, el tema de la agenda ya estaba casi solucionado. También aumentó considerablemente el apartado de noticias.

¿Qué es lo que más te gustaba de trabajar en Mosaic?

C.A.: Lo que más me gustaba del trabajo en Mosaic era, sobre todo, la oportunidad de trabajar y conocer a grandes profesionales del multimedia, tanto de dentro como fuera de la UOC.

R.R.: Lo que más me gustó de Mosaic fue el equipo que componía la revista. Todos me ayudaron en esta nueva aventura y todos ellos eran muy profesionales en lo que hacían. Sin ellos, mi labor en Mosaic no hubiera tenido sentido. Gracias a ellos pude desenvolverme en un ambiente que no dominaba.

R.M.: Participar de Mosaic me dio la oportunidad de descubrir y profundizar en un mundo que no conocía demasiado, y que resulta que me acabó enganchando. Además de poder hacerlo rodeada de buenos profesionales y en un gran ambiente de trabajo.

A.M.: Colaborar con Mosaic era colaborar con mucha gente, y esa parte de relaciones humanas e internáuticas eran lo que más me gustaba.

¿Y lo que menos?

C.A.: Como en todo trabajo había una parte negativa: dentro del contexto institucional de la revista resultaba especialmente difícil poner en marcha determinadas ideas… ¿o quizás mis ideas eran muy arriesgadas?

R.R.: Tal vez lo que echaba en falta en la revista era a un compañero de profesión, alguna persona que te guiara en eso que se llama tener olfato periodístico y que se necesita para desenvolverte en esta profesión. Además otro factor negativo de trabajar en Mosaic es que el redactor cae en el vicio de hacer periodismo desde el escritorio. Es cierto que el 90% del periodismo en la actualidad se hace desde los despachos, pero yo creo que el 10% restante salva al periodismo de caer en algo mecánico y frío como es estar varias horas sentado en Internet informándote o investigando. Creo que hay que salir a la calle, a patear, a conversar con la gente, a realizar las entrevistas con o sin grabadora, asistir a eventos y ferias para conocer qué es lo que se está haciendo, asistir a museos o exposiciones y desarrollar esa empatía que es la que te ayudará a conectarte con los lectores.

R.M.: Puede que lo que menos me gustara fuera la inseguridad de tener que tratar ciertos temas, muy técnicos, y de los que no tenía ni la más remota idea en un principio. Aunque el reto de hablar de algo que no conoces es algo que te encuentras a menudo en esta profesión, fue una buena escuela.

A.M.: La producción de la revista fue bastante difícil: era muy fácil contactar con los futuros autores, pero no tanto recibir sus trabajos. A algunos se les había de insistir infernalmente, y muchos contestaban al cabo de varios meses, algo bastante desesperante. Me ponía bastante nerviosa si la revista del mes siguiente no estaba cerrada.

¿Y de la revista en sí?

R.R.: Lo que me gustó de la propia revista fue que combinaba la vertiente artística con las nuevas tecnologías. Era apasionante estar al día en cuanto a las tendencias de lo que se hacía en Internet y en nuevas tecnologías, tanto a nivel académico como empresarial y cultural. Además me gustaba la libertad con que contaba para realizar mi labor. En esos años trabajaba – aparte de en Mosaic- como freelance para revistas técnicas y daba verdadera pena el periodismo que se practicaba en ese ambiente.

R.M.: La revista me gustaba porque tomaba parte en todo momento del proceso, desde que se decidía el tema, los contenidos, la producción, edición… ¡todo! Bueno, todo no. En mi caso, todavía no teníamos un gestor de contenidos y la publicación de nuevos números tenía que pasar siempre por el enigmático departamento de informática. Eso también fue toda una experiencia…

A.M.: Mosaic me gustaba porque hablaba de muchos temas que me interesaban: animación, fotografía, etc. A veces entraban en temas más técnicos que ya no me gustaban tanto, pero esta variedad de temas dentro del mundo de las nuevas (y no tan nuevas) tecnologías me parecía muy interesante.

¿Qué has aprendido en Mosaic?

C.A.: He aprendido muchísimo. En primer lugar, he aprendido a trabajar en equipo, a aprender de los demás y sacarle todo el conocimiento a las relaciones profesionales. También he aprendido a armonizar mi forma de trabajar en el entorno institucional, por no concretar las miles de pequeñas cosas técnicas que he aprendido en mis dos años como editor de Mosaic: html, css, estándares, diseño, vídeo… ¡tantas cosas!

R.R.: Lo que aprendí en Mosaic es a trabajar en equipo y a intentar ser profesional en lo que haces. Si no consigues lo que quieres, entonces tienes que tener un plan B e ir improvisando sobre la marcha. Porque de lo que se trata es de hacer un buen trabajo y de sacar el próximo número de la revista. A los lectores no les importa si te han dado calabazas en una entrevista. Lo que valoran es que el trabajo que lean esté bien hecho.

R.M.: Mucho; aprendí mucho. Aunque fuera mediante una beca, fue un primer puesto de trabajo que, además, suponía cubrir casi todas las fases de la publicación. Tuve que aprender a gestionar los tiempos, perseguir a los articulistas, editar textos, tomar algunas decisiones… incluso hacer entrevistas en distintos medios: presencial, por correo o por Skype.

A.M.: En Mosaic tuve la oportunidad de estar al día con las nuevas tecnologías, algo que no hacía a menudo. Ver tantos conceptos nuevos y desconocidos para mi me abrió camino para estar un poco más al día en cuestión de nuevas tecnologías.

¿Qué valoración haces de la experiencia?

R.R.: Para mí la experiencia en Mosaic ha sido muy positiva. Aunque comenzar como editor fue muy duro. Tuve la suerte de que Carlos me ayudó a formarme, pero cuando él se fue de la revista lo pasé muy mal porque no podía editar las fotos con Photoshop, cuando revisaba los textos se me pasaban muchos errores y no podía cumplir con los plazos de entrega de los trabajos. No podía conectar con el estilo de la revista y sentía que en cualquier momento me iban a poner de patitas en la calle. Pero poco a poco fui cogiendo experiencia y esto es lo que me ayudó a seguir adelante.

R.M.: Con el paso del tiempo valoro más el paso por Mosaic; fue un primer espacio para empezar a poner en práctica todo lo que había aprendido sobre la profesión a la que me quería dedicar. Seguro que me equivoqué mucho, pero quiero pensar que aprendí mucho más.

A.M.: Aunque no estuve demasiado tiempo en Mosaic, pude aportar mi granito de arena dando y aportando ideas. Muchas se quedaron en el aire pero algunas se consiguieron realizar. Valoro mi estancia en Mosaic muy positivamente, tengo  muy buen recuerdo de ella.

¿Cuál es la anécdota que más recuerdas como becario de Mosaic?

C.A.: Más que una anécdota, la historia que más y mejor recuerdo de aquella época se refiere al número sobre propiedad intelectual que preparé con la ayuda de Raquel Xalabarder, César Córcoles y Laura Porta. Entrevistamos nada más y nada menos que a Cory Doctorow, uno de los blogueros más influyentes de todo el planeta y en aquella época (10/05) un verdadero león en defensa de las licencias abiertas. Desde luego fue la experiencia más enriquecedora de mi época en Mosaic.

R.M.: Creo que por ahí todavía se están riendo del día que me hicieron pasar a saludar y presentarme a los consultores del Graduado, en una reunión, por aquello de poner cara a las personas con quien te escribes correos. Una es vergonzosa delante de un auditorio y me puse roja como un tomate, aunque sólo pasara a decir hola y adiós. Pero también guardo muchos recuerdos y anécdotas pequeñas, del día a día. Y, puede que no sea anécdota, pero me gusta pensar que fue un puesto de trabajo donde también hice amigos.

A.M.: Más que anécdotas, tengo bastantes buenos recuerdos: recuerdo unas clases de Camera Raw con Toni Marín. Recuerdo reír mucho con Toni Pérez, compañero de despacho. Los anillos extravagantes de Laura Porta, César Córcoles y su “obsesión” con mi cámara de fotos, Carlos Casado y Ferran Giménez hablando de gusanos ecológicos a la hora del desayuno, Javier Melenchón y su fantástico gato Gandi (de Gandalf)… Muchas cosas, un poco de cada uno…

¿Cuál crees que es el secreto de Mosaic para conseguir mantenerse activa durante 10 años?

C.A.: Creo que hasta la fecha, Mosaic ha sabido posicionarse como una publicación de referencia en el ámbito del multimedia español de una forma discreta, publicando contenido de calidad pero sin hacer ruido mediático más allá de su misión editorial. Esto le ha permitido crecer de una forma progresiva, segura y, por qué no decirlo, barata. El mayor éxito de Mosaic es tan grande como sencillo: sobrevivir 10 años en un entorno cambiante, superando con éxito varias épocas de constricción presupuestaria.

R.R.: El secreto de Mosaic es el equipo que compone la revista. Con Ferran se aprende mucho. Es una persona que te sabe guiar y que a la vez te deja hacer. Laura, Toni, los dos Carlos, César, Roser, Lavatelli,… los recuerdo como personas muy atareadas, pero que siempre eran accesibles y que te ayudaban en lo que hacía falta. Es un equipo muy profesional que está al tanto de lo que se hace en cuanto a nuevas tecnologías, no sólo a nivel nacional sino también internacional. Y esto es algo muy positivo. Otro “secreto” de Mosaic – y esto me sabe mal decirlo pero es una realidad en nuestro ambiente laboral – es ir tirando de becarios.

R.M.: La capacidad de seguir el ritmo del mundillo multimedia, con la virtud de mantener un punto de pausa y reflexión. Mosaic combina la actualidad con la reflexión siendo un referente en el mundo multimedia y un importante complemento a los estudios, que son uno de los principales motivos por los que Mosaic sigue ahí.

A.M.:El secreto de Mosaic, a parte de un buen diseño y planificación, es el hecho de tener un tema que no pasa de moda y que se renueva constantemente. Diez años son muchos años, ¡y los que quedan!

¿Cómo crees que debería evolucionar Mosaic en los próximos 10 años?

C.A.: El futuro de Mosaic es un asunto que merece un análisis en profundidad y debe basarse en varias líneas estratégicas, pero a bote pronto parece que la más evidente tiene que ver con el carácter social de la red: Mosaic debe abrirse a las redes sociales, a la colaboración de sus propios lectores, entre los que seguramente se encuentren grandes profesionales del multimedia, y, en definitiva, debe liberar una conversación abierta y distribuida sobre el futuro del multimedia en España.

R.R.: Yo creo que el futuro de la revista pasa por tener al menos a un periodista en plantilla y a un becario. Sólo así se logra la calidad en el producto y sólo así se logra transmitir las experiencias entre compañeros de profesión. No hay que olvidar que a través de Mosaic se dan a conocer los estudios de Multimedia de la UOC, así como la labor docente y los trabajos de los estudiantes de la carrera. Creo que una inversión en este sentido iría muy bien para la revista y para los estudios, porque Mosaic no sólo se lee en España sino también en varios países de América Latina.

R.M.: El modelo seguirá funcionando, y los becarios seguiremos pasando. Si la revista consigue mantener este punto de pausa, y conservar la idea que hay detrás, tenemos Mosaic para 10 años más.

A.M.: Las nuevas tecnologías, el multimedia, los interactivos, etc., son un mundo en una constante evolución que parece no querer parar. Lo último ha sido Kinect, ¿pero qué será en un futuro? Quién sabe, pero seguro que Mosaic hablará de ello. Si este extenso mundo de innovación no perece, Mosaic tampoco lo hará, y seguirá acogiendo becarios y más becarios, y dentro de 10 años más, seremos el doble de personas las que contestaremos estas preguntas.