Universitat Oberta de Catalunya

Copyfight: ¿un nuevo modo de gestionar la propiedad intelectual?

Ficha técnica del evento

Copyfight: 15, 16 y 17 de Julio en el CCCB.
Asistencia: unas mil personas.
Temática: propiedad intelectual, cultura libre, creative commons.

Cuerpo de la crónica:

La ciudad de Barcelona acogió los pasados días 15, 16 y 17 de Julio el primer ciclo de conferencias orientado a la consecución de un nuevo modelo de propiedad intelectual celebrado en España, organizadas por los integrantes de Elástico (uno de los blogs españoles más leídos) y el gestor cultural Oscar Abril Ascaso.

Este primer Copyfight, que tuvo lugar en el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona (CCCB) fue una reunión de internautas preocupados por sus derechos, consumidores y productores comprometidos con el proceso cultural (más allá del actual modelo del copyright). En sus numerosas charlas y debates pudimos tomar nota de las palabras de escritores que publican sus obras bajo licencia Creative Commons, músicos que reconocen que no habrían sido nada sin la cultura de las cintas de casette piratas, abogados que analizaron importantes sentencias de los más influyentes casos judiciales contra redes Peer To Peer (P2P), productores musicales que publican sólo en formato mp3 y desarrolladores informáticos que han conseguido establecer redes de conocimiento libre como la wikipedia. En definitiva pudimos contemplar un sinfín de opiniones dispares, discusiones prácticamente inacabables y, como siempre, muy distintas versiones de la misma historia.

Lawrence Lessig

La clave de la intensa actividad llevada a cabo durante las conferencias se halla en el común denominador que compartían invitados y público: una fuerte convicción de que las leyes que rigen el actual modelo de propiedad intelectual están pidiendo a gritos una revisión, necesidad que es fruto de un nuevo modo digital de hacer las cosas, que lleva funcionando bastantes años, y que ha generado un puñado de polémicas que hace tiempo superaron la barrera de lo que sucede en línea para situarse, directamente, en el centro de la “industria” cultural.

Conviene explicar todo lo anterior resumiendo brevemente lo acontecido. En lo referente a la literatura, el debate llevado a cabo el día 15 entre José Antonio Millán (editor del Diccionario de la Real Academia en CD-ROM), Javier Maestre (abogado encargado de la adaptación española de las licencias Creative Commons), Amador Fernández (editor de obras bajo licencia Creative Commons en Acuarela Libros) y Hernán Casciari (escritor y reciente autor de blogonovelas) se centró en el asunto de la publicación de obras bajo licencias abiertas que permitan su reproducción y comunicación pública y las consecuencias que ello podría tener en términos de viabilidad económica.

John Perry Barlow

El nombre que aparecía como plato fuerte de la primera jornada era Cory Doctorow (búsquenlo en este mismo número de Mosaic: declara cosas muy interesantes). El escritor, editor de blogs y gurú mediático canadiense, es, además, delegado europeo de la Electronic Frontier Foundation, la más potente organización de defensa de los derechos de los internautas. Doctorow es un gran orador, y como tal ejerció para dejar claros algunos puntos de máxima importancia: la “industria” del entretenimiento es tecnofóbica, lo ha sido durante toda su historia y siempre ha tardado mucho tiempo en asimilar y sacar partido de los avances. No sólo eso, sino que su reacción siempre ha sido la del ataque directo a las nuevas posibilidades (ante el temor de que su negocio quede en peligro). Doctorow empleó buena parte de su tiempo en denunciar las estrategias de la industria para controlar la actividad de los usuarios a través de las llamadas DRM (Digital Rights Management, en castellano Gestión de los Derechos Digitales), una serie de incorporaciones tecnológicas a los productos fabricados que permiten, no sólo controlar sus usos fuera de la legalidad, sino también los gustos y preferencias de los consumidores. Para el canadiense es nuestra responsabilidad moral mantenernos informados de lo que está sucediendo (y por suceder), puesto que, según explicó, nos corresponde mantenernos alerta ante posibles abusos de la industria.

Cory Doctorow

La jornada del sábado comenzó centrada en la música y las redes P2P. David Bravo, abogado y conocido detractor de las entidades de gestión de derechos de la industria musical realizó un repaso a su obra “Por favor copia este libro”, centrándose en la denuncia de lo que, a su juicio, son las diez mentiras del “negocio” musical, fintando entre el análisis de las ganancias de la industria (divididas en ingresos por ventas de discos, por conciertos y por venta de merchandising) y un exhaustivo repaso a las intervenciones públicas de responsables de la Sociedad General de Autores (SGAE) y de conocidos músicos.

Apoyado por nombres como Pablo Soto (músico, creador de redes P2P y responsable de un sello discográfico), Jota Rodríguez (músico, cantante del grupo Los Planetas) y César Rendueles (crítico musical), David Bravo arrancó más de un aplauso a los presentes a base de contundencia en sus palabras, sentido del humor y una fuerte postura enfrentada con el negocio musical.

La intervención más esperada de la jornada, y casi de todo el evento, fue la de Lawrence Lessig, abogado y creador de las licencias Creative Commons para todo tipo de obras intelectuales, según las cuales el autor puede ceder los derechos de reproducción y comunicación pública de su obra de un modo flexible.

Lessig, que se ha convertido en un personaje de influencia en todos los debates sobre cultura digital y apertura del modelo de propiedad intelectual, llegó a Copyfight, con su habitual aspecto de serio profesor universitario, ataviado con traje oscuro, para denunciar los abusos de una industria cultural que no duda en pedir una cantidad elevadísima de dinero a cambio de la aparición de Micky Mouse en un vídeo familiar sin distribución pública o que intenta, por todos los medios, parar el avance de las tecnologías digitales cuando el control escapa de sus manos.

La alternativa que el norteamericano representa, Creative Commons, es un modelo reconciliador entre autores e industria, que ha funcionado tanto a nivel particular (miles de bloggers y autores de todo tipo de obras de distribución casera lo utilizan) como a nivel comercial (se han publicado discos, novelas y películas con el logotipo de CC) y que poco a poco va adquiriendo mayor repercusión mediática y aceptación entre el público en general.

El punto más interesante de su intervención fue, quizá, el asunto del caso Grokster. El juicio contra esta red P2P, en el que Lessig participó aportando un profundo informe que fue fundamental para el fallo del tribunal, ha resultado ser un indicador relevante a la hora de hablar del estado de la distribución de archivos digitales de música. Según el abogado, la sentencia del tribunal norteamericano (que achaca la responsabilidad de las infracciones a la empresa responsable de la red P2P porque se puede inferir cierta inducción a la piratería por su parte) supone una gran traba para el desarrollo tecnológico.

El domingo tuvo como protagonista indiscutible a John Perry Barlow. El que fuera letrista de la conocida banda norteamericana The Grateful Dead (según explicó, un grupo que debe la mayoría de su fama a las cintas de casettes piratas con grabaciones de conciertos que ellos mismos permitieron que circularan siempre que sus responsables no ganaran dinero con ello) es ahora presidente de la Electronic Frontier Foundation. Perry Barlow apeló a la conciencia colectiva explicando que la industria cultural no es consciente de la responsabilidad de lo que está haciendo, y que el modelo de control férreo y la agresividad con el usuario generan una serie de consecuencias que durarán muchísimos años. Según Barlow, las corporaciones no entienden la noción de antepasado y herencia y, además, el control que están llevando a cabo beneficia a las propias empresas, nunca a los autores.

Basando su discurso en su experiencia como parte de Grateful Dead (uno de los primeros casos de ‘marketing viral’, entendido como el paso de una obra mano a mano entre el público), el éxito económico de su banda se debió al hecho de que sus conciertos fueron absolutamente multitudinarios a raíz de la aparición de numerosos bootlegs (grabaciones caseras en directo) cuya distribución permitieron los propios músicos.