Universitat Oberta de Catalunya

Javier Candeira

Javier Candeira (León, 1966) ha ensayado distintas facetas de comunicación digital: periodista experto en nuevas tecnologías (Canal C, El mundo.es, Baquía, etc); comisario de exposiciones (“Videojuegos. El estado del arte”, “8X8” junto a José Luis de Vicente; ambas en Art Futura), emprendedor en proyectos de televisión digital (Interactora) o el weblog colaborativo Barrapunto, y profesor de videojuegos e hipertexto en centros como Elisava e IED Madrid. Candeira nos comenta cómo ha visto el desarrollo digital en España en los últimos años, así como aspectos comerciales y culturales de las nuevas tecnologías.

Mosaic: Tu formación académica inicial era en Filología Inglesa. ¿Cómo fuiste a parar al mundo de la televisión (Canal C) y los proyectos de Internet?

Javier Candeira: Entré en televisión después de Internet. En aquella época (1995-1996) se produjo una cosa muy buena, y es que no había Graduados Multimedia, las empresas no tenían hacia donde tirar. La gente que hacía Canal C tenía orígenes profesionales distintos no vinculados a la imagen, así como gente de realización tradicional que empezó a trabajar con medios interactivos.

Un amigo me comentó que estaba haciendo páginas web, yo estaba suscrito a la revista Byte y me interesaba. Éramos gente interesada no sólo en la informática, sino también en la comunicación, escribir, el diseño… lo bueno era juntarlo todo y aprender haciendo, a diferencia del modelo de enseñanza muy académico de este país. Así que lo de Filología Inglesa es un poco una anécdota.

Mosaic: ¿Cuál era tu visión de la tecnología en aquellos primeros años de furor de Internet? ¿Cuál es tu grado de ilusión/ escepticismo actuales en este sentido?

J.C: La euforia era brutal, y lo sigue siendo. Lo bueno es que ahora ha desaparecido la gran mayoría de la gente con los símbolos de dólar en los ojos, lo cual está muy bien, porque hubo gente que arruinó la vida y la pasta de otros haciendo promesas incumplibles.

Por un lado, ahora leo un artículo que escribí sobre la realidad virtual en el 93 y es sonrojante… parecía que estaba haciendo la ola desde unas gradas y gritando “¡La realidad virtual cambiará el mundo!”. Actualmente la realidad virtual sirve para que los chavales jueguen; en el caso de la realidad aumentada, la utilizan en Boeing para hacer aviones…

Pero por otro lado cada vez soy más optimista, porque veo cambios brutales a favor.

A.J Liebling era un tío del New Yorker que escribía sobre medios, uno de los primeros, y decía que la libertad de prensa está reservada a los que tienen una. En Internet, cuenta muchísimo que puedas escribir tu weblog y lo sepa todo el mundo, hay más libertad de prensa y expresión que hace unos años, y eso es impresionante.

Mosaic: La fundación de empresas de TV interactiva como Interactora coincide con un periodo de aparente auge de la televisión digital en España. Sin embargo, el paso de los años no ha respondido precisamente a las previsiones optimistas: fusión entre plataformas digitales, fallida de Quiero TV, reticencia de muchos espectadores a la TV de pago… ¿por qué crees que la televisión interactiva no ha triunfado en España?

J.C: La televisión interactiva surgió en 1999, cuando había gran euforia tecnológica: auge de Internet, dinero, competencia entre Canal Satélite y Vía Digital, todo se hacía un poco con la idea de “aquí vamos a poner una taquilla y vamos a cobrar por todo lo que se mueva”.

Yo hice el TeleChat con la idea de que el contenido real de Internet es que hay otras personas, personas haciendo páginas web personales, como por ejemplo los weblogs. ¿Qué es lo que más hace la gente en Internet? Lo primero es chatear, mirar el correo electrónico es lo segundo, y la web es lo tercero, no en número de bytes movidos pero sí en número de horas que la gente pasa.

En el caso de la TV digital pensé que el destinatario tendría que ser la otra gente, ¿y qué paso? Que no había mercado, cayó el mercado, cayó el boom de Internet, las TV digitales empezaron a ahorrar porque no salía dinero, y aunque creo que hubiera podido funcionar uno de los obstáculos principales para el despegue de la televisión interactiva es que las plataformas no son abiertas.

Observa el ejemplo de la Web. En 1994 llegaron los alumnos a las universidades norteamericanas, y todos tenían una página web para hacer: a quien le gustaba escribir escribía sus cuentos, a quien le gustaban las películas japonesas hacía una lista de películas… así empezaron a hacer la Web, metiendo primero el contenido y luego el negocio, porque todo el mundo podía entrar.

En la TV interactiva la barrera es muy grande, a diferencia de la cuota de pago de conexión a Internet, que es mínima. Hacen la política de “jardín vallado”, y luego existe un problema de infraestructura porque para amortizar los descodificadores se necesitan unos ciclos tecnológicos demasiado largos. Entre la falta de contenidos, porque no había una comunidad que los hiciera a bajo coste (ni una inversión económica fuerte para activarlos), la necesidad de inversión tecnológica y la escasa renovación de la tecnología (al no poseer ciclos cortos como los del ordenador personal y las telecomunicaciones), la TV interactiva no llegó a ningún sitio económicamente.

Mosaic: En cambio TeleChat, proyecto que tú creaste, funcionó bien…

J.C: Sí, la verdad es que creo que podríamos haberlo vendido a más sitios, aunque por otro lado cuando se hizo aquí parecía diseñado a medida, un chat de culto para películas de culto.

Lo han llevado muy bien, tienen moderadores que lo animan estupendamente y parece que tienen una comunidad más o menos estable.

Mosaic: Paralelamente a tus incursiones en la TV digital empiezas a investigar sobre temas de software libre y eres uno de los impulsores del weblog Barrapunto (1999), un sistema colaborativo inspirado en el veterano Slashdot norteamericano. ¿De dónde viene tu interés por este sistema?

J.C: El software libre me interesaba desde siempre. A raíz de una entrevista de Jesús González Barahona me propusieron colaborar en una especie de Slashdot a la española que iban a hacer. Llevaba un par de años leyendo Slashdot, lo leo desde que se llamaba Chips and Dips. Creo que el software libre es una revolución, así que me pareció la oferta de mi vida.

Mosaic: ¿Cuáles son las principales diferencias entre Slashdot y Barrapunto?

J.C: Tecnológicamente vamos un poco por detrás, porque ellos desarrollan y nosotros hacemos algunos cambios que tenemos que incorporar. Entre los cambios que han hecho ellos a la versión nueva, que no hemos aplicado todavía, y los cambios que hacemos nosotros a plug-ins y similares llevamos un año de retraso.

La diferencia está básicamente en la gente: en número, distribución y calidad. Slashdot tiene una masa crítica más grande, la moderación funciona mejor porque hay más gente moderando.

La diferencia geográfica también es importante: nosotros como mucho llegamos a ciertos sitios de Sudamérica, en Slashdot ponen una noticia y la lee gente de muchas partes del mundo que habla inglés.

Respecto a la calidad, en Norteamérica se ha hecho toda la computer-science, o la han hecho europeos que hablan inglés. El creador del engine de Quake, John Carmack, comenta en Slashdot, uno de los project leaders de Debian y fundador de la Open Source Initiative, Bruce Perens, también lo hace, así como Miguel de Icaza, fundador del proyecto Gnome

Esos tres factores hacen que sienta una envidia sana hacia Slashdot. Hay otro factor fundamental y es que Barrapunto la hacemos voluntarios. En Slashdot tienen unos cuantos editores a sueldo. Se levantan por la mañana y ese es su trabajo.

Mosaic: ¿Cuántas personas se encargan actualmente de Barrapunto?

J.C: Es complicado, hay un par de socios, un técnico, pero los que se dedican son los editores. Hay gente muy activa y hay gente que está muy encima pero edita poco. Hay como 20 editores, 12 activos, de los cuales entre 6 y 8 ponemos noticias regularmente.

Mosaic: Se ha producido un auge de weblogs como Barrapunto como fuentes alternativas de información. ¿Creees que los medios tradicionales están necesariamente obligados a producir sus propios weblogs?

J.C: Los medios tradicionales deben plantearse que la gente tiene un número fijo de horas, y que si se las dedican al weblog no se las van a dedicar a ellos, lo cual no quiere decir que se tengan que convertir en un weblog. Si el Wall Street Journal mañana se convirtiera en un weblog dejaría de tener lo que tiene de bueno.

Mosaic: ¿Y simultanear el medio tradicional con el weblog?

J.C: Según, cómo y depende. Yo creo que la participación en algunos casos es necesaria y en otros no. En el caso del Wall Street Journal puede permitirse no serlo, tiene la suerte de no tener que cambiar, pero de esos no hay muchos. ¿Los demás? Yo creo que todos, a estas alturas necesitas tener apoyo de tu público a través de Internet.

Hay cosas directamente reflejables por un weblog hecho de manera amateur, y otras que se pueden reflejar a través de un weblog hecho profesionalmente, por ejemplo con una página web de pescadores donde den datos sobre dónde y cómo pescar. Ayudarían muchísimo a la Comandancia de Marina, al servicio meteorológico, además de desempeñar una tarea que sería imposible hacer de otro modo.

Mosaic: ¿Crees que existe entonces una demanda de lectores en la sombra, esperando a que se creen weblogs sobre temas de su interés?

J.C: Es como la película Campo de sueños, de Kevin Costner: “si lo construyes, vendrán”. Los lectores somos desgraciadamente un juego de suma cero. Hay cosas que son suma cero: cuanto más tengo yo menos tienes tú. Si abres la nevera y yo no estoy, los yogures que tú te tomes no me los puedo tomar yo, y te puedes tomar todos y dejarme sin ninguno. Hay actividades que no son de suma cero, por ejemplo un partido de tennis, si tú vienes y yo no, no te quedas con todo el partido de tenis, sino que no tienes con quien jugar. Desgraciadamente, los lectores y las horas que tienen forman suma cero.

Hay que pensar además en el concepto de economía de la atención, de Michael Goldhaber, que viene a decir que si la economía es el arte de optimizar recursos escasos, en la economía de la abundancia de la información el recurso escaso es la atención de la gente. La atención se dispersa, y los weblogs se añaden a esa dispersión.

Mosaic: En el ámbito periodístico los weblogs cada vez son más importantes (pensemos en la pequeña pero significativa cifra de webloggers acreditados en la última campaña presidencial estadounidense). La figura del periodista debe cambiar, sin embargo… ¿no existe el riesgo de precipitarse en dar las informaciones? ¿Dónde está el límite?

J.C: Aunque tiendas a hacer más caso a los medios escritos, piensa que no le das la misma credibilidad a todo lo que lees en los periódicos. La imprenta no tiene más validez que la de la gente que la respalda y las opiniones que la acompañan. Lo mismo ocurre con los weblogs y la web. La diferencia entre la Biblioteca Nacional e Internet es que en el primer caso tienes pistas, o crees tenerlas, sobre qué escoger, y en el segundo no, así que todo esto sirve para darnos una sana dosis de escepticismo.

Mosaic: ¿Qué opinas del ámbito weblogger español actual? ¿Consultas habitualmente otros proyectos de weblogging realizados en España o sigues teniendo referentes extranjeros?

J.C: Leo sobre todo Perogrullo y Retiario de El Navegante de El Mundo, ambos de José Cervera. Sigo también por supuesto los weblogs de mis compañeros de Barrapunto, casi todos ellos albergados en Blogalia, como los de Victor Ruiz (artífice de Blogalia), Atalaya de JJ Merelo, Reflexiones e irreflexiones, Fernando Tricas… un weblog espectacular que tampoco me pierdo es Elástico. Y, por supuesto, los blogs de los amigos.

Pero en general sigo teniendo referentes extranjeros. Slashdot y Boingboing, de Cory Doctorow, Mark Frauenfelder y compañía, son mis dos weblogs de referencia. También sigo las aventuras de Accordion Guy, Jason Kottke, Sean Palmer, Michael Sippey, Margaret Mason… hasta un total de unos 200, con mayor o menor nivel de especialización de contenidos por su parte y de atención por la mía. En fin, que no me siento solo en ningún momento.

Mosaic: Respecto al uso del software libre de manera general, ¿crees que ya se ha recorrido un camino importante en este aspecto, o todavía queda mucho por saber sobre la relación entre derechos de propiedad y uso de software libre? ¿Nos podrías comentar algún aspecto sobre las iniciativas de software libre que se están llevando a cabo en España?

J.C: El software libre está en un momento de posible expansión, pero no se conoce lo bastante, hay que recordar siempre que software libre no significa necesariamente gratis. Creo que falta que la gente lo conozca, incluidos los propios políticos que lo propician, y que sean capaces de propagar las nuevas formas de creación de riqueza social, intelectual y económica para el país.

Hay mucho trabajo por hacer, y estamos encantados de colaborar desde Barrapunto. Hispalinux también están haciendo un trabajo impresionante. Extremadura, Andalucía, Valencia, Madrid, Galicia… están haciendo sus propias distribuciones y promocionando el software libre.

Y aquí en Cataluña está la gente de Softcatalà, que está traduciendo todo el software libre al catalán, y han hecho el glosario de términos informáticos de forma vocacional.

Mosaic: Tu experiencia en el ámbito digital ha tocado también el mundo de los videojuegos: periodista, comisario para Art Futura, clases en el IED… ¿en qué faceta te has sentido más cómodo?

J.C: Me falta hacer videojuegos, y me encantaría. Me interesa sobretodo la reflexión sobre las cosas, más que mostrarlas. La exposición “Videojuegos. El estado del arte” era un ensayo sobre el que tú pasabas andando. Recibí críticas por no dedicarme al lado más artístico de videojuegos, pero me interesaba equilibrarlo con otro tipo de experimentos, tanto académicos como dentro del propio videojuego comercial.

Pienso que el videojuego artístico no explota el medio videojuego sino que lo utiliza para referirse al entorno social, económico. El videojuego comercial explota el medio videojuego refiriéndose a sí mismo como forma artística, creativa, expresiva. Si hubiera tenido más tiempo y presupuesto habría hecho la otra versión, que de hecho es lo que intentamos hacer en “8 x 8” pero con un enfoque discursivo distinto.

Respecto a las clases, siempre se quedan en poco. Una vez propuse un proyecto (que no salió), un curso dedicado a modificar el Quake, cuyo engine tiene un motor a gráficos GPL, y aprender haciendo, con un poquito de programación y mucho de diseño. El curso habría tenido sobretodo mucho de mecánica de juego: diseño del juego, jugabilidad, tipología de diseño… ese tipo de decisiones, en distintas gradaciones.

Mosaic: ¿Qué competencias tecnológicas y profesionales crees que pueden resultar más importantes en el diseño digital y/o de de videojuegos?

J.C: Ser autodidacta es imprescindible incluso si haces estudios formales. Me llevé una gran sorpresa cuando encontré a gente en Canal Satélite haciendo tele y que no veía la tele.

La gente ha de combinar también la parte autodidacta con las lecturas: Arte y percepción visual, de Rudolf Arnheim, es un libro muy recomendable; catálogos de exposiciones, páginas web, manuales técnicos, periódicos… hay que apropiarse de la cultura hasta tener cultura propia.

Asimismo creo que los reciben una educación formal han de tener iniciativa personal. Los mejores perfiles que me he encontrado dando clase o trabajando en Art Futura son gente como David Boleas, un estudiante que quería hacer una consola plegable y ahora trabaja en Sega Londres, o Glaznost, estudiantes de diseño que tenían una carpeta tal que parecían diseñadores que llevaban diez años currando…. Lo más importante no es tanto el currículum académico, sino si has leído libros y visto películas, por un lado, y si has hecho cosas por otro. Hay que hacer las dos cosas, sea en la escuela o en tu casa.

Mosaic: Por último, ¿nos podrías comentar cuáles son tus proyectos profesionales de futuro?

J.C: Estoy montando el Dorkbot en Madrid, colaborando con Creative Commons, preparando un doctorado en Periodismo para poder dar clases en la universidad algún día, trabajo en Barrapunto, estoy aprendiendo a usar y colaborar en Debian GNU-Linux… entre muchas otras cosas, procuro centrarme en los proyectos que me interesan y no preocuparme si los he de llamar trabajo o no.