Universitat Oberta de Catalunya

Teresa Ferriz

Mosaic: La exposición “Voces” supone el reclamo más espectacular del Fórum, tanto por lo que respecta al tamaño del recinto que la alberga como a las innovaciones tecnológico-audiovisuales incorporadas y también en términos de presupuesto. ¿Siempre se había pensado explicar la diversidad lingüística en una exposición de tales características?

Teresa Ferriz: La exposición “Voces” se proyectó hace dos años y unos meses desde el punto de vista del contenido. El aspecto audiovisual no era preferente: había un itinerario enmarcado y se había planteado pensando en el edificio Fórum. En este proyecto, el audiovisual y el multimedia tenían que ajustarse a un itinerario donde había otros recursos visuales.

Después de un año de trabajo se cambió de edificio, y el proyecto tuvo que replantearse. En esta segunda época los diseñadores tuvieron que decidir los contenidos para un espacio determinado, en este caso el Centro de Convenciones. En este nuevo espacio los contenidos de antes no tenían sentido, y por ello se planteó fundamentar el diseño en un gran centro audiovisual para toda la exposición.

(El diseñador Ralph) Applebaum está muy contento porque para él ha resultado una ocasión para explorar nuevas formas expositivas: ya no se trata de acercarse a una exposición para aprender sino para tener experiencias. En este sentido “Voces” es una experiencia absoluta, entras en un entorno diferente donde recibes muchos impactos… Como dijo alguien de prensa, está pensada para gente que tiene mucho contacto con audiovisual y multimedia, gusta mucho a la gente joven. Para los especialistas que buscaban la típica exposición de contenidos se queda un poco a las puertas, no se ha pretendido hacer un museo de lengua sino una exposición puntual.

Mosaic: ¿Cómo empieza a plantearse audiovisualmente un proyecto que por el tema a tratar y cuyo título remite directamente a aspectos sonoros? ¿Cómo se ha articulado de este modo la relación entre imagen y sonido?

T.F: En el primer momento quería hacerse una exposición llamada “Del sonido a la voz”, una especie de reflejo de cómo la comunicación nos ha ido haciendo personas, convirtiéndonos en civilización y en cultura, lo cual significa muchas culturas, y de cómo podemos acceder del patrimonio lingüístico al cultural. Aquí aparece uno de los ejes del Fórum que es el respeto a la diversidad, basado como dice el comisario de la exposición en frases como la de Steiner, “Cuando muere una lengua muere un mundo”. Éste es el eje conceptual.

En la experiencia expositiva, partiendo de nuestra cultura audiovisual contemporánea, se ha tratado de vincular los conceptos de diversidad y respeto al patrimonio lingüístico con la cultura audiovisual que presumiblemente tendrán gran parte de los visitantes. El proyecto ofrece una experiencia envolvente, una inmersión en culturas diferentes gracias a las lenguas, y con el impacto visual de estas propias culturas… es como pedir a unos estudiantes que realicen una práctica basándola en los sentidos, la vista y el oído principalmente.

Mosaic: ¿Cómo se han constituido los diferentes equipos de trabajo para la exposición?

T.F: Ha participado mucha gente. En el momento en que se hizo el cambio expositivo se sectorializaron los distintos apartados. Hubo un equipo sólo para los audiovisuales (el equipo de diseñadores Tomato, de Londres). Ellos elaboraron el audiovisual central e hicieron las pantallas que envuelven la esfera.

Algunas mesas se hicieron con documentación que ya teníamos previamente, y algunas fueron encargadas a especialistas puntuales. Se hizo una mesa de alfabetos y se pidió a unos tipógrafos que recogieran todos los caracteres en todos los alfabetos posibles para tener esta mesa.

En el caso de multimedia podemos destacar dos aspectos: por un lado las mesas donde se interactúa con alguna aplicación, tipo traducción automática. Estas mesas las hizo un equipo coordinado por José Manuel Pinillo. Él lo gestionó y buscó gente concreta para cada uno de estos explicativos, y por otro lado la exposición virtual, que ha funcionado un poco de manera independiente.

Mosaic: Seis de las mesas monográficas contienen pantallas interactivas. ¿Cómo se estructura esta interactividad, qué posibilidades de participación o interacción van a tener los usuarios?

T.F: La experiencia que desea Applebaum llega más bien a través del oído y de la vista que de la participación, no hay participación más allá de la observación, y como el espectador no tiene más referentes es una observación parcial, la gente no espera a que el audiovisual se acabe, tiene claro que hay fragmentos pero no espera que se acabe, no es consciente de que tenga una historia.

Por lo que respecta a procesos de participación activa existen algunos aplicativos en los que, por ejemplo, puedes decir “hola” en muchas lenguas, se trata de una exposición de este tipo. Sea como sea, el funcionamiento de la exposición no se verá hasta que la gente empiece a entrar en ella y se vea cómo se apropian y hacen uso de sus contenidos.

Mosaic: ¿Puedes especificar un poco más cómo se ha articulado la relación entre la exposición presencial y la virtual?

T.F: Nosotros incorporamos de algún modo la exposición presencial en la virtual desde el punto de vista gráfico, pero la relación presencial-virtual ha sido mínima: la exposición virtual es un proyecto en sí que (esperamos) vivirá más allá de la exposición presencial. En todo caso, querríamos que el material audiovisual de la exposición presencial se incorporara posteriormente al Fórum en la exposición virtual, ése es nuestro deseo y esperamos que pueda realizarse.

Mosaic: ¿Qué opinión tienes de la intervención de los multimedia en el ámbito de las exposiciones? ¿Qué perspectivas crees que van a dominar?

T.F: Desde hace muchos años se dice que estamos en pañales en el asunto, aunque supongo que poco a poco vamos progresando. En Òliba trabajamos desde hace mucho tiempo en la combinación entre tecnologías y museología, aunque los gestores culturales se plantean todavía las nuevas tecnologías en fases: primero viene la página web corporativa, luego las exposiciones virtuales que en realidad no lo son porque son un reflejo de la exposición presencial, y con el tiempo quizás empiezan a plantearse experiencias exclusivamente virtuales.

Con Òliba hicimos un proyecto llamado “Los niños de la guerra”, y en él había un modelo testimonio-memoria, donde partíamos de una exposición presencial pero se incorporaban otros documentos y variaba. Además, se generó un nuevo espacio, “Vuestros recuerdos”, que permitía que la gente explicara su experiencia y se actualizaba constantemente.

En términos generales, no sé si podría llegar a afirmar hacia dónde tenderá la relación entre exposiciones y tecnologías: básicamente se van haciendo pruebas a ver qué resulta mejor. Lo que sí creo es que la tecnología no tiene que ser una limitación, al contrario, pues los tecnólogos ayudan mucho. Lo importante es saber el contenido, saber qué queremos, y apostar siempre por la transversalidad, por la mezcla de contenidos y profesionales encargados de la parte técnica y también de la parte de contenidos.